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La voz a las tres de la madrugada, de Charles Simic,
en traducción de Martín López-Vega


Charles Simic (Belgrado, 1938) emigró a los Estados Unidos en 1954, tras una infancia marcada por los difíciles acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Figura en la actualidad entre los poetas más relevantes y conocidos de los Estados Unidos por la originalidad y fuerza comunicativa de su obra. Ha recibido numerosísimos galardones y reconocimientos: entre ellos, el de Poeta Laureado de la Biblioteca del Congreso en el curso 2007-2008, o el Premio Internacional de Traducción del PEN en 1970, o el Premio Pulitzer en 1990 por su obra El mundo no se acaba, que los lectores pueden encontrar en esta misma colección de poesía en traducción de Mario Lucarda. La voz a las tres de la madrugada recoge una selección de la que Charles Simic considera su mejor obra poética aparecida entre 1986 y 2003. Se trata, por lo tanto, de un paseo privilegiado por la extensaobra poética de Simic de la mano del propio autor.

PRESENTACIÓN DE LA VOZ A LAS TRES DE LA MADRUGADA POR MARTÍN LÓPEZ-VEGA

Estos son los problemas a los que se enfrenta un contemporáneo constructor de alegorías en un mundo «huérfano de ideologías»: cada vez tenemos más conocimiento sobre lo concreto y cada vez sabemos menos de lo abstracto, tan poco que a menudo negamos la existencia de todo cuanto suene a abstracto. Charles Simic es un poeta de la estirpe de Dante: su intención es obtener la piedra filosofal que otorgue el conocimiento de las cosas del mundo, pero sabe mucho más de lo que Dante sabía, y está seguro de muchas menos cosas. Así que no puede construir un gran retablo, una gran alegoría que reconstruya el mundo: tiene que limitarse a elaborar pequeñas escenas de las que ni siquiera puede ofrecernos un significado claro. Él las deja en el papel y a nosotros nos corresponde entenderlas o extrañarnos. Simic ha dicho: «Yo no escribo parábolas. Si escribo “ratas en pañales” eso debe entenderse de manera literal»

OFRECEMOS A CONTINUACIÓN TRES POEMAS DE LA VOZ A LAS TRES DE LA MADRUGADA

PARADISE

In a neighborhood once called "Hell's Kitchen"
Where a beggar claimed to be playing Nero's fiddle
While the city burned in midsummer heat;
Where a lady barber who called herself Cleopatra
Wielded the scissors of fate over my head
Threatening to cut off my ears and nose;
Where a man and a woman went walking naked
In one of the dark side streets at dawn.

I must be dreaming, I told myself.
It was like meeting a couple of sphinxes.
I expected them to have wings, bodies of lions:
Him with his wildly tattooed chest;
Her with her huge, dangling breasts.

It happened so quickly, and so long ago!

You know that time just before the day breaks
When one yearns to lie down on cool sheets
In a room with shades drawn?
The hour when the beautiful suicides
Lying side by side in the morgue
Get up and walk out into the first light.

The curtains of cheap hotels flying out of windows
Like seagulls, but everything else quiet...
Steam rising out of the subway gratings...
Bodies glistening with sweat...
Madness, and you might even say, paradise!

PARAÍSO

En un barrio antes llamado “La cocina del infierno”,
donde un mendigo aseguraba haber tocado la lira de Nerón
mientras la ciudad ardía en el calor del verano;
donde una peluquera que se hacía llamar Cleopatra
empuñaba las tijeras del hado sobre mi cabeza
amenazando con cortarme las orejas y la nariz;
donde un hombre y una mujer paseaban desnudos
al atardecer por una de las más oscuras calles laterales.

Debo de estar soñando, me dije.
Era como encontrar una pareja de esfinges.
Esperaba que tuviesen alas, cuerpo de león;
él con el pecho tatuado estrafalariamente,
ella con sus enormes tetas balanceándose.

Ocurrió todo tan rápido, y fue hace tanto tiempo...

¿Sabes ese instante justo antes de que amanezca
en el que nada desearías más que acostarte entre sábanas frías
en una habitación con las persianas bajadas?
La hora en la que los hermosos suicidas
que yacen uno junto al otro en el depósito
se levantan y salen para ver la primera luz.

Las cortinas de los hoteles baratos vuelan a través de las ventanas
como gaviotas, pero todo lo demás está tranquilo...
El vapor asciende por las rendijas del metro...
Los cuerpos resplandecen de sudor...
La locura, sí, pero podrías decir igualmente: el Paraíso.

***

FOR THE SAKE OF AMELIA

Tending a cliff-hanging Grand hotel
In a country ravaged by civil war.
My heart as its only bellhop.
My brain as its Chinese cook.

It's a run-down seaside place
With a row of gutted limousines out front,
Monkeys and fighting cocks in the great ballroom,
Potted palm trees grown wild to the ceilings.

Amelia surrounded by her beaus and fortune-tellers,
Painting heer eyelashes and lips blue
In the hour of dusk with the open sea beyond,
The long empty beaches, the tide's shimmer...

She pleading with me to check the ledgers,
Find out if Lenin stayed here once,
Buster Keaton, Nathaniel Hawthorne,
St. Bernard of Clairvaux, who wrote on love?

A hotel in which one tangos to a silence
Which has the look of cypresses in silent films...
In which children confide to imaginary friends...
In which pages of an important letter are flying...

But now a buzz from the suite with mirrors.
Amelia in the nude, black cotton over her eyes.
It seems there's a fly
On the tip of heer lover's Roman nose.

Night of distant guns, distant and comfortable.
I am coming with a flyswatter on a silver tray.
Ah the Turkish delights!
And the Mask of Tragedy over her pubic hair.

POR EL BIEN DE AMELIA

Trabajo en un Gran Hotel sobre el acantilado
en un país asolado por la guerra civil.
Mi corazón es el único botones.
Mi cerebro es el cocinero chino.

Se trata de un lugar costero en ruinas
con una hilera de limusinas desguazadas en la acera,
monos y gallos de pelea en el gran salón de baile
y palmeras que llegan hasta el techo.

Amelia, rodeada por sus amantes y sus adivinos,
se pinta de azul las pestañas y los labios
al atardecer frente al mar abierto:
las largas playas vacías, el resplandor de la marea...

Me ruega que comprobemos los libros de registro
para indagar si es cierto que aquí se hospedaron una vez Lenin,
Buster Keaton, Nathaniel Hawthorne,
San Bernardo de Claraval, que escribió sobre el amor...

Un hotel en el que uno tararea un tango en medio de un silencio
que se parece al de los cipreses en las películas mudas...
En el que los niños hablan en voz baja con sus amigos imaginarios...
En el que las hojas de una carta importante salen volando...

De pronto un ruido viene de la suite con espejos.
Amelia está desnuda y lleva algodón negro sobre los ojos.
Parece que hay una mosca
en la punta de la nariz romana de su amante.

Noche de lejanos disparos, distantes y confortables.
Entonces aparezco yo con un matamoscas en una bandeja de plata.
¡Ah, las delicias turcas!
Y la Máscara de la Tragedia cubre su vello púbico.

***

A LETTER

Dear philosophers, I get sad when I think.
Is it the same with you?
Just as I'm about to sink my teeth into the noumenon,
Some old girlfriend comes to distract me.
"She's not even alive!" I yell to the skies.

The wintry light made me go that way.
I saw beds covered with identical gray blankets.
I saw grim-looking men holding a naked woman
While they hosed her with cold water.
Was that to calm her nerves, or was it punishment?

I went to visit my friend Bob, who said to me:
"We reach the real by overcoming the seduction of images."
I was overjoyed, until I realized
Such abstinence will never be possible for me.
I caught myself looking out the window.

Bob's father was taking their dog for a walk.
He moved with pain; the dog waited for him.
There was no one else in the park,
Only bare trees with an infinity of tragic shapes
To make thinking difficult.

UNA CARTA

Queridos filósofos, pensar me entristece.
¿Os ocurre a vosotros lo mismo?
Justo cuando voy a hincarle el diente al noúmeno
alguna antigua novia viene a distraerme.
“¡Si ni siquiera está viva!”, clamo al cielo.

La luz invernal me señaló el camino.
Vi camas cubiertas con las mismas sábanas grises.
Vi hombres adustos sosteniendo a una mujer desnuda
mientras la rociaban con agua fría.
¿Se trataba de una cura para sus nervios o de un castigo?

Fui a visitar a mi amigo Bob, quien me dijo:
“Encontramos la realidad al superar la seducción de las imágenes”.
Estaba exultante de alegría, hasta que me di cuenta
de que nunca me sería posible tal abstinencia.
Me sorprendí mirando por la ventana.

El padre de Bob sacaba a pasear al perro.
Se movía con dificultad; el perro tenía que esperarle.
No había nadie en el parque,
sólo árboles desnudos con infinidad de formas trágicas
que hacían pensar con dificultad.

La voz a las tres de la madrugada
Charles Simic
Prólogo y traducción de Martín López-Vega
360 páginas
15 euros
Colección poesía, 131

Publicado el 3/12/2009

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