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Me incitó el espejo, de David Rosenmann-Taub,
Edición de Álvaro Salvador y Erika Martínez


David Rosenmann-Taub (Santiago de Chile, 1927) ha demostrado a lo largo de su obra un extraordinario talento sinérgico para la poesía y la música. Su primer libro, Cortejo y epinicio (1949), publicado a los veintidós años, sorprendió por su novedad y luminosidad expresivas, y lo situó en la primera línea de la lírica contemporánea chilena. Con el paso del tiempo, su completa dedicación al arte y su alejamiento del público han dotado a su figura de una condición legendaria. Lleva publicados más de una docena de títulos, entre los que se encuentran País más allá, Auge, Poesiectomía, El mensajero, Los despojos del sol y Quince (poemas con comentarios del autor). Fue uno de los primeros escritores latinoamericanos a quien la Biblioteca Cervantes Virtual le dedicó su propia biblioteca de autor. Actualmente, sus libros están siendo traducidos a varias lenguas y este volumen es el primero del poeta que se edita en España. David Rosenmann-Taub reside en Estados Unidos, donde continúa escribiendo, componiendo y dibujando.

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«Para David Rosenmann-Taub, la poesía es una forma de conocimiento del yo y del mundo. Nacida de la meditación sobre el sinsentido de la vida y la falta de trascendencia, su obra se transforma a través de la ascesis poética en un discurso celebratorio y de exaltación vital. Su camino de creación parte de una experimentación constante con los sonidos y los sentidos del lenguaje, y también de una revolución léxica. La esencia imperceptible de lo real cobra en sus versos un valor epistemológico incalculable, ya que en ella reside el misterio de las grandes preguntas. Con un estilo personal, brillante, innovador, lleno de fuerza y de emoción, la poesía de Rosenmann-Taub se proyecta hacia el futuro –futuro de hoy mismo, del siglo XXI, que es cuando con mayor justicia puede apreciarse su auténtica dimensión–.»

Álvaro Salvador y Erika Martínez

TRES POEMAS DE ME INCITÓ EL ESPEJO

    Dime, Isabel, tu cuerpo que no habitas,
¿podré habitarlo yo?,
¿podré cruzar tus pómulos, tus cuencas?,
¿podrá ampararme tu vaciado pecho?
Abrazo de celaje, espacio duro,
hogar del tiempo, almohada de la noche,
hondura de los sueños, Isabel,
¿podré apoyar, rendir, espolvorear
mi corazón en ti, mi corazón
en ti? Isabel, oh estancia interminable
de pebeteros, pétalos y grises,
¿podré habitarte yo bajo la tierra?

SCHABAT

    Con los ojos sellados, vesperal,
ante los candelabros relucientes
de sábado, mi madre. La penumbra
lisonjea sus cuerdas. Desfallece

    la hora entre las velas encendidas.
Los muertos se sacuden —fiebre—: huestes
de fiesta, sin piedad, cual candelabros,
peregrinan espejos. Desde el viernes,

    avara, la agonía. En los cristales,
atolondrado de fragor, el sol,
filacteria de adiós, cree soñar.

    La casa es un sollozo. El horizonte
cruza la casa: rostro del crepúsculo
ido entre lo jamás y lo jamás.

GENETRIX

Acabo de morir: para la tierra
    soy un recién nacido.

Me incitó el espejo
David Rosenmann-Taub
172 páginas
12 euros
Colección poesía, 140

Publicado el 20/10/2010

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