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Nuevo libro de poemas de Carlos Jiménez Arribas


En su segundo libro de poemas, Darwin en las Galápagos, Carlos Jiménez Arribas sigue de lejos el recorrido de Charles Darwin por los mares del sur buscando animales y fósiles. De lejos, porque sería absurdo que un libro de poemas fuera un itinerario calcado del viaje al que hace referencia. Pero sí hay mucho mar en este libro, y muchos bichos, algo comprensible si tenemos en cuenta que el autor vive en una gran ciudad interior, en la que los animales son seres casi mitológicos y la costa sólo un perfil de la conciencia. El mar y la mirada captora, que no abandonaba a un joven Darwin en sus descubrimientos, tiene en común este libro de poemas con el Viaje del Beagle, del naturalista más famoso de todos los tiempos. Y si pudiera parecer gratuita esa alusión a la ciencia en el ámbito de la poesía, sólo hay que pensar en las controversias que sigue levantando la teoría de Darwin hoy día, en lo revolucionario que es aún asumir lo proteico y polimorfo de la realidad sin más tutelas. Donde quiera que haya una revolución pendiente habrá un poeta. Así, desde los primeros atisbos de indagación en la naturaleza, hasta la culminación que supone verse reflejado en la expresión insumisa de una tortuga gigante, casi un oxímoron con patas, el protagonista de Darwin en las Galápagos no parará de enunciar con voz breve pero segura aquello que ve: animales y pájaros, mujeres y paisajes. Todo lo que, a su vez, le ve a él y acaba dejando, en unos poemas en prosa breves y compactos, sorprendentemente líricos, un retrato en negativo del sujeto contemporáneo.

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El nombre de este violonchelo es Dédalo, la edad que lo alumbró lo hizo cantábile, criatura inmune a los anales, a las derrotas. Y yo no sé cómo he empezado este preludio. La música me lleva ya en sus brazos, mar adentro. Apenas siento las yemas de mis dedos y Daniel no me ha llamado aún desde París. Todos me miran: ellos creen que son mis manos las que llenan de luz el escenario, y son mis ojos los que descubren esta música. La partitura es letra muerta. Dentro, en el mar, no valen mapas. Detrás de cada ola hay una nota que espera plenitud de espuma, culminación en mi memoria. Qué hará Daniel allí en los Campos Elíseos. Las palomas abrirán la exactitud de su sonrisa, sus manos blancas. Ah, Daniel, dónde me llevará la música que sale de este violonchelo entre mis piernas.

DARWIN EN LAS GALÁPAGOS

Mira de paso a la tortuga, Charles, y di que no, que es imposible hallar algo más parecido a un elefante en una isla. Testudo elephantopus, ese es el nombre, la variación en el espacio de lo mínimo, un atributo de color, de ser, más denso en las costuras de la especie. Sin la tortuga, Charles, ¿existes tú y lo elefantino de tu rifle, eres acaso el hombre y no un capricho de la vida? Todo triunfo es de la forma, Charles. Mira despacio al cuerpo que no duda: en la seguridad del paso avanza algo más alto que la ciencia, un estupor que el animal traduce en cuello erguido y añoranza del marfil. Y posibilidad de trompa.

Darwin en las Galápagos
Carlos Jiménez Arribas
72 págs.
8 euros
Colección poesía, 113

Publicado el 20/2/2008

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