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José Luis Gómez Toré publica junto a la artista Marta Azparren Claroscuro del bosque



Ya está en las librerías Claroscuro del bosque, la nueva entrega poética de José Luis Gómez Toré, en colaboración con la artista Marta Azparren, y editado en Amargord. Un interesante proyecto de diálogo entre formas de arte que los autores nos presentan en la siguiente Nota preliminar. Reproducimos a continuación, por cortesía de los autores y de la editorial Amargord, tres pasajes del libro.

NOTA PRELIMINAR
por José Luis Gómez Toré y Marta Azparren

Claroscuro del bosque”, como proyecto artístico, ha querido ser un diálogo sobre un diálogo. Diálogo entre la poesía y el dibujo para hablar de un diálogo del que apenas nada sabemos, el que se produjo entre Celan y Heidegger en 1967 en la Selva Negra, en la cabaña propiedad de este último. Un encuentro que corre el riesgo de convertirse en un episodio casi novelesco, pero en el que se abre como un interrogante o una herida la sombra del Holocausto, la memoria de los muertos en el poeta judío, los coqueteos de uno de los grandes del pensamiento alemán con el nazismo.

Poner a dialogar a dos artes entre sí conlleva todos los riesgos del diálogo, el peligro del malentendido, del falso consenso, del silencio prematuro o madurado en exceso (¿de qué naturaleza es el silencio que el poeta y el filósofo guardaron sobre aquella cita?, ¿hacia dónde señala lo no dicho por el poema “Todtnauberg”, en el que Celan evoca la visita a la célebre cabaña de Heidegger?). Sin embargo, no nos interesaba que “Claroscuro del bosque” se convirtiera en poesía ilustrada (lejos de lo que fue Se oyen pájaros, en donde, con todo, los dibujos no se limitan a ser ilustración de los poemas). Tampoco queríamos tomar el camino contrario, el del poema que describe una obra pictórica. Todo eso nos sonaba demasiado a traducción o a comentario. Poner a dialogar dos lenguajes artísticos no puede ya sostenerse en la nostalgia de una obra total, sino que tiene que asumir todo el ruido que envuelve y distorsiona una conversación, los errores fecundos, las líneas de fuga.

Quizá no sea del todo anecdótico que planeáramos un viaje a la Selva Negra, en el que uno de nosotros, no pudo finalmente participar, obligando así al otro a convertirse en testigo. Celan insiste en, uno de sus poemas, en que nadie testifique por el testigo: pero, ¿qué hacer con la memoria de los otros? ¿Cómo nombrar lo sucedido cuando hasta la propia dignidad de las víctimas parece resistirse a que el hecho en su desnuda verdad se convierta en acontecimiento? Hay una ética y una estética del diálogo, como hay en el arte una exigencia de desaprender el propio idioma, de no hablar con una sola voz. Estamos siempre, para decirlo con Heidegger, de camino al habla. De ahí la necesidad de no confundir todos los silencios con claros del bosque. De ahí que sospechemos que el bosque de símbolos por el que paseaba Baudelaire ha sido talado hace ya mucho tiempo. De ahí que Celan escriba: “Dale a tu decir sentido, dale sombra”. Sombra: claroscuro: filtrada luz.

José Luis Gómez Toré y Marta Azparren

Marzo de 2011

TRES PASAJES DE CLAROSCURO DEL BOSQUE

(pulsar en las imágenes para ampliar)



Publicado el 11/6/2011

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