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Peio H. Riaño publica Todo lleva carne |
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ENTREVISTA A PEIO H. RIAÑO Todo lleva carne, tu primera publicación si no andamos equivocados, está mereciendo el adjetivo de “inclasificable” por algunos lectores. ¿Tú te atreverías a clasificarla o, al menos, a darnos su NIF y su e-mail? En realidad, antes había lanzado algunas ideas entre dos tapas, pero nunca sin el acompañamiento de ilustraciones y un poco de color. Por lo tanto, se puede decir que todas estas palabras tan juntas hace de “Todo lleva carne” mi estreno público en la narrativa. Podría ponerle un DNI, pero una de todas las cosas que estoy aprendiendo estos días es que cada cual le está dando pasaporte por una u otra parte. Las lecturas que a la que se está sometiendo el libro avanzan en una personalidad indefinida e inesperada. Se está convirtiendo en un pequeño monstruo deformado. Allá él. Así que es de todo menos inclasificable. Entiendo por dónde quieres que vaya –y te colmaré la curiosidad en dos frases-, pero hasta los proyectos que todavía no tienen paginación, esos que acaban de asomarse con un chispazo, esos, ya tienen una definición. Aún así, creo que mi definición sería la de un libro bastardo. Por dos razones. La primera, no cumplió con el encargo al amparo del que nación. La segunda, está escrito desde la bilis negra que impide a uno silbar, tocar las maracas, mirar el horizonte, entretenerse con un libro, pararse en un disco, pasear sin regañar con nadie, trasnochar entretenido con otro libro... Tampoco es un libro fiel a un linaje ni a una raza, hay de todo, porque lo que realmente importa no es la forma con la que salga la bilis a la página. Que siempre, hasta que opine lo contrario, será a bocajarro. Todo lleva carne está recibiendo también el calificativo de “posmoderno”, una palabra de muy de moda, muy manoseada. ¿Lo es? La verdad es que no tengo ni idea. Sé lo único que te puedo decir, que está escrita con todos los vicios de la comunicación a la que nos sometemos hoy. Creo que se escribe desde tu generación y también creo que no podría hacerlo de otra manera. No me veo capacitado para hacer lo contrario a lo que me pida el cuerpo. Y yo tengo un problema gordísimo con las cervicales que me impide viajar hasta el XVIII para ponerle voz a una trama. Por ahora, mientras una revolución literaria no lo remedie, la inmensa mayoría de los textos tienen temas. El amor y la soledad están entre los temas que podremos encontrar en Todo lleva carne. Como sucede siempre, lo interesante de un tema no es su nombre propio: Amor, Soledad, sino los apellidos que le pone el autor. ¿Qué apellidos les has puesto? Ya te lo había dicho yo, que el libro está degenerando a ojos mil. No creo que el amor y la soledad sean los dos grandes temas. Son aperitivos, como tantos otros que aparecen, del problema que más me interesa: las mil y una exigencias a las que nos sometemos por culpa de nuestros deseos. Porque somos deseos por todas partes, estamos cosidos a ellos y lo peor es que ya no somos conscientes de que mejor sería no tener nada por lo que esperar otra vida distinta. Hemos creído tan a ciencia cierta que somos dueños de nuestras decisiones, que nos volvimos estúpidos panolis con razones para destacar que la felicidad ni me la toquen. Cualquier medida, sea la que sea, siempre será tomada en función de un paraíso ciego, que alguien se ha empeñado en colarnos. Un lugar que en realidad es una edad dorada, en la que ya has cumplido con tus obligaciones, en la que ya no te cabe nada más porque te lo has tragado todo, una edad estéril e improductiva para el sistema. Sí, llámalo jubilación. Somos zombis con mucha arrogancia. En tu novela…¿Tu libro es una novela o, como en el caso de la novela España, de Manuel Vilas, o de la novela Nocilla Experience, de Agustín Fernández Mallo, hay que retiraros el nombre de novela porque no se ve claro que tengáis exposición, nudo y desenlace? Pues será una chorrada, pero lo cierto es que a mí me cuesta decir “novela”, para referirme a “Todo lleva carne”. Creo que, como bien dice el sabio Constantino Bértolo, esto de la literatura no se ha terminado de inventar, y hay que empezar a buscar nuevos términos. El término “novela” debería servir para textos que lo busquen, pero debemos empezar a valorar en su justa expresión otras opciones. De hecho, el lanzamiento de “Todo lleva carne” coincidió con otro libro que la editorial consideró más novela, para así contrarrestar intenciones y opciones. Una sabia decisión, que necesita de una nueva palabra. “Novela” no puede ser una opción narrativa tan parcial: o estás con ella o estás contra ella. Por ahora, mientras otra revolución literaria no lo remedie –y, en este caso, la cosa no parece de remedio fácil-, tu texto usa procedimientos discursivos textuales. Bastantes de los procedimientos que empleas están muy ligados a las nuevas tecnologías, que se han convertido para nuestra sociedad, como antes lo eran los perros, en el mejor amigo del hombre… Y de la mujer, y de los adolescentes, y de muchas niñas y niños. Es curioso que estas cosas todavía llamen la atención. En el colmo del esperpento, me han llegado a clasificar en un artículo como “un experto en estilos tecnológicos” (¿?!!)... porque utilicé la terminación “jpg”, de los archivos fotográficos digitales, para hablar de fogonazos que se presentan y no se van. Imágenes salvajes, que en principio no son nada, pero que vuelven una y otra vez, y que curiosamente no hemos podido grabar en ninguna parte. Qué paradójico, yo vivo obsesionado por conservar todo lo que puedo de mi vida –imagino que para saber el por qué de todo lo que sea en el futuro- y se vuelve memoria a fuego lo que sólo está en tu memoria. ¿Y qué eres hoy sólo con tu memoria? Poca cosa. En fin, que me desvío: considero que un “jpg” es algo del pasado, si acaso, algo que no me puede sorprender, como sí lo hacen los nuevos inventos tecnológicos que leeré mañana en el periódico. Tal y como dije en ese artículo que se me veía como un tipo audaz con las nanocosas, un “jpg” es tan común como un paisaje. No son más que ayudas para seguir comunicándonos con los canales que conocemos hoy. ¿Sería menos llamativo incluir pergaminos lacrados o palomas mensajeras? Hace pocos años, quizá pocos meses o semanas, se había terminado la Historia (con mayúsculas),y de pronto algunos afirman que Bush se ha vuelto comunista y ha nacionalizado la banca. Si Bush se compromete políticamente hasta el punto de convertirse al comunismo, ¿no deberían los nuevos escritores occidentales adoptar, desde dentro mismo de sus obras, un compromiso como mínimo social? ¿Todo lleva carne es un libro comprometido socialmente? Sabéis lo que creo, que ya hicieron suficiente daño con aquello del mayo del 68 y las promesas de una vida mejor, de unos sueños reales y de la justicia total, como para seguir comprándoles la idea. Para estos el compromiso es un estado de excepción y me niego a comulgar con ello. Es más, no sé qué demonios es el compromiso. Quizá porque no entienda otra literatura y me niegue a leer otra literatura, que no sea la que pegue un pistoletazo en medio de una escena aduladora e inconsciente. Quiero un libro que no compre el discurso dominante, que libere la verosimilitud de la cárcel del sistema y que si tiene que hacer daño al contar lo que nos dignifica y lo que nos maltrata, que así sea. Si en alguna de estas intenciones camina “Todo lleva carne”, habré cumplido con algo más que con el aparato literario. ¿Qué significa publicar en Caballo de Troya con Constantino Bértolo? Significa un atropello, un error, un fallo en el sistema. Si yo hubiera sido mi editor jamás habría confiado en mí para figurar entre los Julián Rodríguez, las Mercedes Cebrián, Javier Pascual, Damián Tabarovsky, Antonio Prometeo Moya, Mario Levrero, Rafa Reig... Soy un falso autor. Creo que “Todo lleva carne” tiene las proteínas que tiene gracias a Bértolo. Ésta es una pregunta que, ahora mismo, resulta de respuesta bastante fácil. Dentro de un tiempo, tal vez no tanto, ¿te presentarías al premio Planeta si te invitasen a ganarlo o a ser finalista? No me cabe la menor duda. Me considero una persona con unos principios mucho más maleables que los de cualquier profesor de filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. La ética ya no sirve ni como antídoto. Todo lleva carne muestra que tú eres un escritor que, además, es periodista; no un periodista que, además, escribe. ¿Cómo lo sobrellevas? Se hace lo que se puede. Lo cierto es que una cosa me da de comer y otra me alimenta. Siempre fui otra cosa antes que periodista. Pero no todo lo que tiene que ver con este oficio está mal. Por ejemplo, si algo apunta a mi trabajo en “Todo lleva carne”, es en lo que yo considero una virtud: el ejercicio de escucha. En la atención y en la intención. Todo con lo que me encuentro lo entiendo como material de reciclaje, todo tiene un sentido, y no me atrevo a desaprovechar nada. Además, toda esa cantidad de información que nos chutamos al día... termina por modificar lo que somos, de ahí lo de “la identidad es una cuestión de días”. Puedes creer que todo eso no te afectará, pero te estarás engañando. Me gusta escribir con el oído, aunque suene engreído. Algunas de las mejores entrevistas que desearíamos leer a escritores serían autoentrevistas. ¿Por qué no te haces un par de preguntas y las contestas? No hay muchas, ahora que lo dices, el libro no es más que eso, una entrevista conmigo mismo. ¿Realmente crees que te vas a ganar la vida con esto? No, pero la carne es débil y a veces me da por pensar que lo dejo todo. Que ahí os quedáis con vuestro fin de mes. Que me dedico a leer todo lo que me quepa y a escribir todo lo que me sobra y lo demás ya veremos. Que como siga así, no llegaré a ninguna parte. Al hilo también pienso que si no fueran por todas estas exigencias, todas esas frustraciones, si no tuviera tan cerca la basura y toda esa mierda que ayuda a odiarnos, no sabría qué odio, no tendría contra lo que escribir, no sabría dónde estoy. Ves, ya vuelvo otra vez.
Publicado el 16/11/2008 |