Firmas invitadas
Sección coordinada por Juan Manuel Macías
maciaschain@gmail.com

Olga Bernad



Olga Bernad es licenciada en Filología Hispánica en la especialidad de literatura por la Universidad de Zaragoza. Ha publicado el poemario Caricias perplejas (Fundación Ecoem, Colección de poesía Siltolá, 2009), la novela Andábata (Paréntesis Editorial, Colección Umbral, 2010) y la plaquette Cuadernos de la Cigale, nº 2, editada por Juan Vico y Álex Chico en 2009. Ha sido incluida en la antología YIN. Poetas aragonesas 1960-2010, seleccionada por Ángel Guinda para Olifante Ediciones, y en la antología de poetas contemporáneos Poesía para niños de 4 a 120 años (Ediciones de la Isla de Siltolá, 2010).

Algunos de sus relatos y poemas han sido publicados en diversas revistas literarias, como Rolde de estudios aragoneses e Isla de Siltolá (de cuyo consejo de edición forma parte). Colabora en la Revista de Letras del periódico Heraldo de Aragón escribiendo reseñas literarias sobre novedades editoriales. Textos suyos han aparecido también en varias publicaciones digitales, entre ellas la Revista de Humanidades Kafka. En la red, mantiene el blog Caricias perplejas, donde publica versos y prosas.

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Actualización de 12 de marzo: Su segundo poemario NOSTALGIA ARMADA, acaba de aparecer en la nueva colección Vela de Gavia de Ediciones de la Isla de Siltolá.


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ENCIÉRRAME EN EL SÓTANO

Un hombre sopla vidrio. Es un sótano oscuro y, muy al fondo, un fuego rojo tiñe de alguna luz la estancia. El hombre sopla a través de un formidable tubo que acaba en una gárgola grisácea; en su punta se enciende una burbuja de cristal brillador que se dilata y pronto se endurece, fraguándose contra la rozadura invisible del aire. Él alarga su gran mano de hombre, recoge con atenta firmeza una esfera perfecta y me la entrega, concediéndole al gesto la naturalidad y la importancia de una vieja liturgia, la pureza de un culto recobrado donde prodigio y lógica amparan un enigma: nuestra necesidad de obedecer y un temor muy profundo a someterse; y un placer que esperaba, inevitable, tan paciente como una profecía. Me sonríe. Le amo. Tomo la esfera nueva en mis dos manos. La coloco en el suelo con cuidado. El suelo brilla y brilla, estoy llenando el suelo de burbujas. No queda espacio en blanco hacia la puerta. No nos iremos nunca. Me sonríe.

inédito

PELIGROSA MARÍA

Callaré nuevamente. En la cintura
me guardo el largo discurrir del tiempo,
el hueco de la mano, los pliegues de mis dedos,
esa esquina del hombro ante su boca.
Mi yugular al borde de otros dientes.
Todo cierto,
y todo incomprensible. Voy buscando
la mano de la boca de un ombligo;
me enveneno de besos y de rostros
que no recordaré, pues no me importan.
Sólo el amor rescata y, con el tiempo,
el amor da pereza.

Por los que siempre te amarán, disparas,
y el aullido de un lobo te despierta.
Chasquido de mechero en el silencio,
pequeña brasa al borde de los labios,
misterio en los pulmones.
Supones que la luna está asustada:
ha visto largas noches de tu alma
y sabe
que más lejos, tan dentro de tus ojos,
un herrero perfecto está fraguando
la gris bala de plata
-voluta de humo azul de dientes verdes-
que algún día sabrá alcanzarte en sueños.

de Nostalgia armada

BELCHITE 2002

¿Recuerdas aquel día?
La última visita al pueblo viejo.
Allí danzaban todos los fantasmas
que no pudimos ver, y lo visible
estaba lleno de huesudas manos
que agarraban con fuerza nuestros rostros.

Mirábamos la iglesia, el esqueleto
de un ángel que murió cuando existían.
Con mimbres de noviembre se ha tejido
el pueblo muerto.
Con deseo y con rabia,
con odio minucioso y laberíntico
se edificó esta destrucción paciente
que ahora respira así junto a mi boca.

Todo es cierto y es nuestro y, sin embargo,
no estuvimos allí; sobrevivimos
en la supervivencia de otros hombres.

de Nostalgia armada

DISTINTO AMOR

No vendo mi alma al diablo por la gloria
que persiguen discípulos más débiles,
ni regalo un minuto de mis sueños
por poderlo contar.

Algo distinto y nuevo me envilece:
mi corazón por una galopada,
ver esta tierra desde tu montura
y saberlo contar.

de Caricias perplejas

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Publicado el 3/1/2011



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