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Javier Pérez Walias

Javier
Pérez Walias (Plasencia –Cáceres–, 1960), es licenciado
en Filología Hispánica –especialidad de Literatura– por la Universidad
de Extremadura y profesor de Educación Secundaria. Dirigió junto a José
Manuel Fuentes, entre los años 2005 y 2009, la colección de poesía
«Cuadernos del Boreal». Ha escrito el guión para el documental
Encantado,
Benedetti y ha colaborado en
ediciones y catálogos con
pintores y artistas plásticos como Rafael Carralero, Javier Roz o
Nacho Lobato. Pérez Walias ha publicado los siguientes libros de
poemas: Ceremonias
del barro
(Málaga, Ángel Caffarena, 1988), Impresiones
y vértigos de invierno
(Vélez-Málaga, Ayuntamiento,
1989, XVII Premio de Poesía «Ciudad de Vélez-Málaga»), A este
lado oscuro del cauce (Málaga, Universidad, 1992), Cazador
de lunas (Málaga, F. González,
1998), Versos
para Olimpia (Málaga, Ediciones
Imperdonables, 2003),
Antología
Poética
(1988-2003) (Mérida, ERE, 2004), Los
días imposibles (Tres
figuraciones) (Calambur Poesía,
Madrid, 2005), Cazador de lunas
(Seis aguafuertes de Juan Carlos Mestre con ocasión de Cazador de
lunas de Javier Pérez Walias), (Málaga, 2007), Largueza
del instante («Colección
Provincia», León, 2009, Premio
de la XVII Bienal de Poesía «Provincia de León», 2008) y Largueza
del instante (Un libro escrito por Javier Pérez Walias con pinturas
de Javier Alcaíns) (Javier Martín Santos Editor, Cáceres, 2010).
***
LA
VOZ QUE
NOMBRA LOS PECES
Cohabito
con un oscuro animal.
Juan
Gelman
Me
llamas
con la voz que nombra los peces,
lo invisible,
con
la callada voz que nombra el oscuro pez,
al animal
transparente que habita
el laberinto de mi oído,
a
la criatura que se alimenta del murmullo
y se cubre con escamas
de metal
para dormir
bajo
las raspaduras del agua.
Este
oscuro pez
es el abrazo entre la piedra y la nube,
es el gesto
necesario
hacia el resurgir de la desobediencia en cada verso:
la no luz
en el abismo atroz
a
merced de los mapas y las corrientes.
He
hablado
–cara a cara–
con las múltiples formas de esta criatura
y
me he encontrado
con la conciencia del ser anfibio:
animal y
hombre,
con la conciencia de todo aquel que se rebela anhelando
bondad,
implorando perdón;
me he encontrado con el olor a
serrín y a fango;
con el animal de sombra
porque aún
hay
seres que agonizan bajo el chasquido del silencio
o
entre barrotes
y
bajo los viaductos de las autopistas,
y
en las acequias junto a los caminos,
y
en las escuelas de adobe,
y
en las embarcaciones con ojos abiertos como vías de sangre,
porque
aún
hay
hombres que agonizan en los asientos tiroteados de los
autobuses,
en cada trayecto y en cada travesía y en cada
refriega.
Me
he encontrado
con los dioses de mi antigua casa, de mi antigua
cárcel,
con los dioses de mi jardín cerrado,
con
el maná prohibido,
con los dioses
a quienes rescató como un
rayo la lenta muerte.
Pero
este oscuro pez, este animal
que se alimenta (voraz) de recuerdos
y esquirlas de acero
es también el que aclara las gargantas y
desbroza las veredas,
el que remonta los desniveles
e incendia
las esclusas
hasta encontrar el cielo abierto y la hogaza puntual
sobre el hule a mediodía,
es la lengua de incienso que
zigzaguea,
que nos habla
desde la virginal torre de Babel
con
palabras de aliento para soterrar el olvido.
Este
oscuro pez
es también el animal que regresa
a su cueva cada
invierno,
que se lava las manos en el caño limpio
para
respirar el aire de las palabras arrojadas como salvas de
azufre
sin
otra gracia que el pulso a punto de estallar por las encías.
Es
el único animal capaz de poner orden
en las extremidades
amputadas de los maniquíes,
en los amaneceres
arrebatados
a los niños,
en los paraísos minados por la barbaridad.
Este
oscuro pez
es
el animal que arma nuestro pecho con el óxido
del
arrepentimiento
y clama
por los seres que habitan en
las zahúrdas de la opulencia.
En este camino por las corrientes y
las grutas y los mapas,
el primer hombre
(el oscuro animal de
fondo)
es la branquia que boquea junto a la orilla de cualquier
río,
la respiración del cielo y las estrellas,
el pálpito
agitado
y el venero de leche
capaz de taponar la hambruna del
llanto,
porque somos las piedras que se arrojan al río
y
entre las piedras
del río
–cada invierno–
este
oscuro animal de fondo,
este animal
que
habita el laberinto de mi oído,
este
primer hombre que aquí se deja ver
y tocar,
al que tú
llamas con la voz que nombra los peces,
con la callada voz que
nombra lo invisible,
este hombre
deja
caer
de entre sus manos un reguero de palabras, como migas de
pan,
para fecundar
en las blancas arboledas de las alas de un
ángel
el estruendo callado de las cloacas de la tierra.
(Inédito
en libro)
www.javierperezwalias.com
http://es.wikipedia.org/wiki/Javier_P%C3%A9rez_Walias
http://www.revistakafka.com/node/122
http://www.koult.es/2010/03/entrevista-a-javier-perez-walias-parte-i/
Publicado
el 4/9/2011
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