Firmas invitadas
Sección coordinada por Juan Manuel Macías
maciaschain@gmail.com

Fruela Fernández


Foto de Laura Rosal

Fruela Fernández (Langreo, Asturias - 19 de noviembre de 1982). Ha publicado una plaquette, Círculos (KRK: 2001), además de diversas traducciones de Hugo von Hofmannsthal, Marie Luise Kaschnitz, Ezra Pound o Patrick Kavanagh. Aparece en antologías de poesía reciente, como La lógica de Orfeo, Veinticinco poetas españoles jóvenes, Última poesía española, Deshabitados, Poesía en Mutación o La inteligencia y el hacha. Coordina el festival Cosmopoética junto a Carlos Pardo y Juan Antonio Bernier. Licenciado en Traducción e Interpretación (Universidad de Salamanca), prepara su tesis doctoral entre la Universidad de Granada y el Centre de Sociologie Européenne (CNRS, París).

Reproducimos tres poemas que Fruela Fernández nos ha escogido para esta firma invitada. Pero antes, una conversación que mantuvo con Juan Andrés García Román, en un jueves japonés cualquiera.

***

JUEVES JAPONÉS.
Una conversación de Fruela Fernández y Juan Andrés García Román

Interior: Wasabi. Pepino y col china. Gente que siempre está yéndose de Granada, aunque comparte aún el mismo restaurante. Si los miras, podrás deducir: a) que el Power Pop ya no es lo mismo, pero todavía merece cariño; y b) que los pantalones de pana abandonan la Transición para alistarse en el Romanticismo.

Juan Andrés: Los poemas que mandaste son…, ¿cómo decirlo?, una música electrónica muy suave. Diría que lo contrario de tu carácter, expansivo.

Fruela: Son formas inversas de pudor: contraerse en la escritura; excederse en público... Maneras de gestionar timidez… Basculo entre una y otra… Aunque me atraen sobre todo los discursos que se expanden, que fagocitan referencias: Joseph Brodsky, Carlos Martínez Rivas, Edoardo Sanguineti, James Merrill, Ezra Pound, Lorenzo García-VegaTambién de ahora: Eduardo Milán, Jorge Gimeno, lo que tú vas proponiendo…

J: Pero esa fascinación se manifiesta de otra forma, creo: esas secuencias truncadas, esos incisos casi hablados – que crean la ficción de una conversación infinita (e infinitamente interrumpida) Comienzas un poema diciendo “Bien / y entonces”… Como si hubiera un interlocutor desaparecido.

F: Es de nuevo el pudor. Siempre hablo hacia alguien en los poemas, y normalmente es con una mujer, o más bien a partir de ella, porque no puedo situarla en ese espacio. Como el poema de Celan que recordamos a menudo, «Corona»: el ojo asciende para hablar con el sexo de la amada, se miran como ojos, se relacionan como órganos sin cuerpo... Celan no consigue estar mientras habla, como si un sujeto (el que experimenta) y otro (el que manifiesta) se fueran apartando, desmenuzando.

J: A propósito, ¿no te parece que Celan está raptado por cierta exégesis muy recocible?

F: ¿De silencieros, dices?

J: Sí, aquellos que leen a Celan a partir de Valente, cuando sus procedimientos son opuestos. Aunque me interese Valente, la distancia entre ellos es enorme.

F: El problema comienza cuando pretendes que el silencio sea un kibutz de vivencias privilegiadas, reverencialmente teológicas… En fin, cuando lo sacristizas, cuando lo museízas... Pero el caso es que ninguna vivencia se completa en la palabra, ni en la escritura, y precisamente por eso se escribe (ahí está el error de Hofmannsthal en Lord Chandos, y de quien lo reitera). El silencio de Celan (o el de Vladimir Holan, o el de César Vallejo) viene en la falta cotidiana de la palabra: sus poemas están hechos de cosas, de carnalidades, porque son tan inquietantes, porque resisten a la lengua, pero no a la mano… Y es la necesidad de quebrar las palabras, de reorganizarlas: desmigajar para recomponer. Supongo que por eso me causan (nos causan) afinidad ciertos músicos de jazz: comprendo su manera de avanzar a golpes, a cambios, sintiendo cada línea melódica de una manera precisa, dándole sus silencios. Regreso al último Coltrane, a Freddie Hubbard, a Lee Morgan, a McCoy Tyner, a Curtis Fuller, a cierto Brasil, al folk negro de Terry CallierEl silencio es una condición de trabajo… Como el ruido… También en Sonic Youth, por ejemplo, encuentro paralelismos: melodías que se niegan entre sí, que se desdoblan, que se apoyan...

J: Sí, aunque yo me situaría, tal vez, a partir de Ornette Coleman, Andrew Hill o Anthony Braxton, por cierto gran parodista de las bandas de música… Y de ahí saltaría a la parodia en la música contemporánea: mi queridísimo Mauricio Kagel, el mismo Shostakovich, el joven Jörg Widman … Pero este paréntesis me hace pensar que todos estamos apartándonos en cierto modo de la poesía: más que un cambio de discurso, estamos buscando otros medios… Elena Medel parece ir hacia la prosa, Rafa Espejo parece entrar en la canción, Andrés Navarro estaba escribiendo guiones, otro amigo nuestro acaba de terminar una novela…


Grandes esfuerzos. Foto de Ignacio Buhigas

F: También es un proceso de purga: al desplazar un género comprendes mejor qué es necesario, para ti, dentro de sus límites. Y también es una forma de tanteo. El yo es narrativo, se construye a medida que se relata; al salir de un discurso, evitas que se sedimente esa forma de enfocar, de enfocarte. A mí me ocurre con la fotografía. Cuando me dediqué de continuo a ella (aunque supongo que sólo pasé pruebas), comprendí mejor esa especie de sentimentalismo visual que tengo (que quizá tienen muchos, no sé); la disociación entre sentimientos que sobrepaso o acepto o comprendo, mientras hay escenas, imágenes, de las que no puedo apartarme, como si reanudaran el sentimiento en un espacio… Esos poemas están presionados por el paisaje, y creo en especial por las zonas industriales, las que conocí de pequeño y se me reiteran cuando intento observar.

J: Ahora que dices eso, recuerdo otro detalle formativo que me interesa: esas referencias asturianas, en parte del cancionero y en parte del lenguaje rural…

F: Es otro problema de disociación… Hay una zona afectiva, familiar de mí que se desarrolla siempre en asturiano, y otra parte de desplazamiento, de madurez, de lectura, que se establece en castellano. De alguna forma, me siento incómodo, malagusto, en cualquiera de esas lenguas. Necesito superponerlas. Y me interesan así los primeros libros de Arnaldo Calveyra, donde desarrolla el ritmo a partir del lenguaje rural de Entre Ríos, o las recurrencias campesinas de Marcos Canteli (tená, artos, sebe), que se crió en un pueblo cercano al mío, Bimenes y comparte esas modulaciones.

J: Por cierto, casi me olvidaba –aunque no quiero que esto termine en un cruce entre San Juan de La Cruz y Paco Martínez-Soria-, pero me gusta mucho el título (posible) que mencionaste: Mujeres, mientras... Veo una secuencia de tacones pasando… se me ocurre un tren con tacones…

F: Sí, otro título útil sería Litio y Bromuro… Bueno, el título trae algo de inquietud. Y aunque digo mujeres –por coherencia, pues son destinatarias en la escritura-, en realidad podría haber empleado otra forma colectiva, más genérica… Ya sabes que la empatía, en mi caso, es una debilidad de carácter (escorpio, agua, identificación, ya sabes…). Mi forma de ser es ir hacia los demás, es, de algún modo, la salvación por los otros. El libro intentaría un proceso de liberación: lo que te llega mientras vas llegando a ti. Escribir para avanzar. Aunque sigo sin saber a qué lleva…

J: Es curioso, pero a veces ¿no tienes la sensación de que las cosas vibran telefónicamente? Juraría que acaba de llegarme un sms a la copa… ¿Será ella?

F: Dos Sapporo…

***

POEMAS DE MUJERES, MIENTRAS

Bien,
               y entonces todo
como una erosión,

el grano del detalle raspado por la mente que no quiere

aceptar esa farola
                        de cristal entrecortado
               o las últimas erasmus por el callejón,

la mente dormida en la pureza,

dormida en la pureza

insistente,

              acolchada

pureza

de cruz,

mal de gorrión,

pureza

que no debe,

                      que no debe

conmigo

***

BOCA, HUECO: DIÁLOGO

El verdegriscorazón
de tus ojos
                    me recuerda
al gato de las niñas,

y él me lleva hacia ti, tú hacia él –



los tres de casa,
y un temblor de huesos.

                  Me paro en el detalle,
no debería
pararme en el detalle,
no debería

                  posar en ti esta zona
de llendes, este
-
lo dije-

temblor

***

ESTRÍAS

1.

Un nombre de entonces. El nombre que teníamos.

Y ahora sólo ex, ex.

Ex.

                     - Aprendizaje por esquejes.

2.

Pero entonces me protegías. Un como protección. Un yo acolchado de niño, abandonado hacia el niño.

3.

Tu jersey al fondo del armario, como argumento geológico.

4.

Cuando te pares, verás
musgo en el campanario.

Y habrá algo puro, como los niños que mueren.

5.

Ahora que tus manos no están entre las cuerdas del tendal,
ahora que no me arropas,
ni me destapas.


Publicado el 29/4/2010



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