Firmas invitadas
Sección coordinada por Juan Manuel Macías
maciaschain@gmail.com

Erika Martínez


Desnudo (por Lucía Martínez)

Erika Martínez (Jaén, 1979) es doctora en Filología Hispánica y licenciada en Teoría de la Literatura. Su primer libro de poemas, Color carne (Pre-Textos, 2009), fue galardonado con el Premio de Poesía Joven Radio Nacional de España. Junto con Álvaro Salvador, ha realizado la edición y el prólogo de Me incitó el espejo (DVD Ediciones, 2010), antología del poeta chileno David Rosenmann-Taub. Es responsable también de la edición de los libros Quiroga íntimo (Páginas de Espuma, 2010) y La voz en bandolera (Visor, 2007), antología de la poeta argentina Diana Bellessi. Forma parte del Consejo de Redacción de la revista Letral y tiene una columna en el diario Granada Hoy. Actualmente desarrolla su labor investigadora en La Sorbona (CRIMIC, París IV). Su página web es www.erikamartinez.es

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ENTREVISTA DE JUAN ANDRÉS GARCÍA ROMÁN A ERIKA MARTÍNEZ

Juan Andrés García Román. Bueno, ya sabes que ando algo ensimismado últimamente. No tengo ni idea de qué preguntarte. No sé… ¿A ti te apetece hacer esta entrevista?

Erika Martínez. Hablar contigo me apetece siempre, Juan Andrés. Aquí, en Granada o en la Conchinchina. Los amigos son un campamento base.

J.A.G.R. Granada, dices, sí, nosotros dos somos granadinos de raza. Y sin embargo, lo hemos hablado veces, yo difícilmente estoy feliz aquí. Tampoco en lo que respecta a la poesía. O quizás sobre todo. Más bien como un pingüino en medio de Sonora. ¿Sabes? Lo que más me sorprende es que éste sea tenido por un lugar de magia y no sé qué duende lorquiano… ¿Tú en qué piensas cuando la gente dice: oh, Granada tierra de poetas yo querría vivir allí, etc.?

E.M. ¿En echarlos a los perros? No, en serio, Granada está bien si no eres de allí y vas sólo por un tiempo y te apetece ir a muchas lecturas de poesía y charlas sobre poesía y tomar copas con poetas y aspirantes a poeta. Pero todos los ambientes pequeños se vuelven pronto claustrofóbicos. Yo recomendaría pasar en Granada dos o tres años. No te rías, se aprende mucho. Tú también, Juan Andrés. Eso sí, luego hay que poner la quinta marcha para Madrid o Barcelona. O para Saturno. Es básicamente lo que hacen todos. Menos mal que quedáis unos poquitos. Espérame, seas de la raza que seas.

J.A.G.R. Es un placer esperarte, pero tú recetas dos o tres años y yo llevo treinta y uno con excepciones honrosas. ¿Y la ciudad? Porque Granada es una ciudad muy querida por los españoles, haberse criado en ella es distinto. Yo de pequeño jugaba en la Plaza Bib-Rambla. Lo digo para poner este ejemplo: cuando yo era chico, plaza Bib-Rambla era el lugar más colorista, había seis quioscos de flores compitiendo por espacio, cuatro jugueterías, tres churrerías, una ferretería y hasta una tienda de bromas. Hoy sobrevive una sola juguetería, han extirpado de cuajo uno de los quioscos de flores y salvo dos el resto ha cerrado, todo se ha llenado de restaurantes de corchopán para guiris… Sería una arrogancia ridícula decir que me duele Granada.

E.M. Yo qué sé, Juan Andrés, no soy muy de nostalgias. La Granada de mis abuelos se me antoja una pesadilla, por muy bonitas que fueran sus flores y sus churrerías. Seguro que en Marrakech quedan rincones auténticos, pero me da que a pesar de todo se está peor allí. Comparto tu inquietud por el corchopán, cómo no, aunque en otro sentido. Europa se exhibe como un decorado porque hace mucho que está en proceso de fosilización. Lo que a mí me disgustan no son las puertas que se cierran, sino las que dejamos de abrir. Bueno, vale, y también me molesta que las tiendas de bolsos usurpen el lugar de las librerías. No quiero comprar libros en el Carrefour.

J.A.G.R. Si al menos se vendiesen en el Carrefour… Este año vas a publicar un libro de aforismos en Pre-Textos y, además, estás investigando sobre el tema. Los aforismos son tu manera más legítima de aproximarte a la literatura, ¿me equivoco?

E.M. Me temo que mi acercamiento a la literatura es ilegítimo en todas sus facciones. Pero guárdame el secreto.

J.A.G.R. La pregunta es muy académica, pero ¿es el aforismo lírica?, ¿puede el aforismo renovar el lenguaje lírico? Porque entonces la lírica dejaría de ser ese “estado” relampagueante de conciencia y pasaría a ser el rayo mismo...

E.M. El aforismo también es lírica, claro. Pero no sólo. En todo caso, me parece que su práctica es demasiado minoritaria (también entre poetas) como para producir una renovación. Aunque nunca se sabe. ¿El rayo mismo? Qué bueno. Yo creo que algunos de los mejores aforismos contemporáneos son poemas destilados. No tanto imágenes exentas como el hueso del poema. O de un cuento, o de un ensayo. Es un género que jibariza a otros géneros. Una forma minimalista y asistemática de pensamiento marcada por la discrepancia. Los aforismos discrepan con el mundo e incluso consigo mismos (de ahí su tendencia a la paradoja). Discrepan filosófica, narrativa y poéticamente. Ésa es, en mi opinión, su clave. Algo así escribió Valéry: «Nos plus importantes pensées sont celles qui contredisent nos sentiments». Tel quel.


Granada siglo XXI (por Lucía Martínez)

J.A.G.R. También es curioso que un género aparentemente amado por los lectores, como es el aforismo o puedan ser los relatos, no tenga en cambio una suficiente cobertura editorial, ¿no?

E.M. Pues yo diría que el aforismo goza de prestigio en muchos países del mundo, pero lectores tiene pocos. Menos incluso que la poesía. Por otro lado, aunque hay cierto auge del género en España, éste no deja de ser muy inferior al del cuento. Los almanaques de frases hechas sí son muy populares desde el siglo XIX, pero hablábamos de literatura...

J.A.G.R. Tú y tu cortesía y tu bondad, pero, ¿Erika no es a veces demasiado salomónica? Quiero decir, ¿no sientes nunca unas ganas incontenibles de pegar una patada?

E.M. Es un riesgo tener amigos inteligentes. Sobre todo si te conocen bien y te hacen una entrevista. A ver. Me cuesta cagarme en las personas (y esto, aunque parezca inverosímil, es extensible a los poetas). Incluso si se lo merecen. Creo que me quedó la tara de la Compañía de María. Y ahora me he guardado tantas patadas que las tengo todas atravesadas por dentro. Es una gran razón para escribir. Eso sí, en potencia, debo ser muy peligrosa. Además de esta versión, que me deja en muy buen lugar, me veo obligada a contar también la más honesta (que debo igualmente a la Compañía de María): el Rey Salomón, como yo, tenía miedo al rechazo; por eso se metió a juez. Te prometo mojarme más en adelante. Palabrita del niño Jesús.

J.A.G.R. O de la Virgen María, un colegio de monjas… difícil asunto. ¿Tú sabes que si calculas bien el erotismo de la foto para la firma o pones cara de “aquí te espero” el número de visitas a la página crece en proporción geométrica? Lo tenemos comprobado. Debe ser muy difícil ser mujer poeta, ¿no?

E.M. Me parecen bien las fotos eróticas. Yo misma estoy desnuda en ésta de aquí arriba, ¿no lo ves? Respecto a ser mujer poeta, la verdad, nunca ha sido más fácil que ahora y sigue siendo muy difícil. Pero, para vencer un obstáculo, primero hay que verlo. Personalmente creo que, más allá de la resistencia del gremio a nuestra entrada, a las mujeres nos queda mucho camino por recorrer. El techo de cristal es real, pero es sólo la mitad más conocida del problema. La otra mitad es el autosabotaje, ese enemigo interior que han tenido que doblegar escritoras de todos los tiempos. Porque existen esos obstáculos, debemos hacer el doble de esfuerzo para escribir. Y quizás el triple para llegar a escribir bien. Ese extra de voluntad es una realidad incómoda que, sin embargo, puede terminar convirtiéndose en una ventaja creativa. Otra ventaja: el margen siempre ha sido un buen lugar para escribir. Saquémosle provecho. «Every wall is a door». Lo decía Emerson.

J.A.G.R. ¿Y tú serías capaz de escribir sin signo de género, como de hecho han optado algunas poetas de nuestro entorno?

E.M. No sé si sería capaz, pero estoy segura de que no quiero. Igual que no quiero escribir como si viviera en el siglo XVII o como si fuera un monje budista. Ser mujer es una parte cardinal de mi experiencia. Eso no quiere decir que esa experiencia tenga que ser bobamente digerida en los poemas: puedo impostar la voz de un agricultor vietnamita o meterme en la piel de Napoleón sin olvidar desde dónde escribo. En el conflicto entre yo y mi impostación es donde nacen los poemas. Si es que el yo es algo más que una suma de impostaciones. Digo yo. O mi impostación.

J.A.G.R. Ojalá no des una respuesta salomónica a esta situación hipotética, creo que ya la he planteado en algún lugar, imagina: están diecisiete amigos, a los diecisiete –dicen ellos– les gusta la poesía, cada uno de ellos lee los poemas que los otros dieciséis cuelgan en su blog. A esto se suma el tiempo que emplean mirando las fotos de la juerga del día de antes en Facebook. Es una cadena. No seamos exagerados y digamos que leen algún clásico, no seamos crueles y no digamos por ejemplo el nombre de ese clásico hipotético. Lo curioso es que los diecisiete dicen amar la poesía…

E.M. Juan Andrés, yo no necesito denunciar imposturas. Honestamente, lo que necesito es escribir. ¿Y qué si diecisiete colegas miran Facebook y leen basura y se publican unos a otros? Que cada cual malgaste su tiempo como quiera. Además, toda la mala literatura del mundo no hace peor a la buena. Por mucho ruido que hagan, siempre encontraremos magníficos libros que leer. Te lo dice el Rey Salomón: cada cual a lo suyo que quita mucho tiempo impartir justicia.

J.A.G.R. Vale, pero aconséjame, ¿qué harías si fueras Juan Andrés García Román?

E.M. Me gusta que me hagas esa pregunta. Si yo fuera García Román, seguiría cultivando la fantasía anacrónica de estudiar teología y retirarme a un monasterio. Pero no lo haría. Nunca. Porque entonces me volvería una persona seria y, por muy seria que sea la literatura, hace falta un gran sentido del humor para escribir. Por lo menos para escribir libros que merece la pena escribir. Pongamos El fósforo astillado.

J.A.G.R. Y sobre todo ¿qué harías si fueras Erika Martínez?

E.M. Pues dejaría de señalarme con el dedo. Es muy cansado.

***

INÉDITOS

LA CASA ENCIMA

Tantos siglos removiendo esta tierra
que ha pisado el ganado
y alimentado al ganado y a los hombres
que regaron esta tierra
con el cauce negro de su sangre
–la sangre cambia de color fuera del cuerpo–.
Tantos siglos alineando ladrillos,
aquí hubo un establo
sobre el que se construyó una iglesia
sobre la que se construyó una fábrica
sobre la que se construyó un cementerio
sobre el que se construyó un edificio
de protección oficial.
Tantas mujeres fregando sus baldosas,
pariendo en sus baldosas,
escondiendo la mierda debajo de las baldosas
que pisaron sus hijos ebrios
y sus santos maridos
que trabajaron y fornicaron
por el bien de un país en el que no creían.
Tantos siglos para que yo,
miembro de una generación prescindible,
pierda la fe en la emancipación,
mire el techo de mi dormitorio
y se me venga la casa
encima.

LO SUBLIME

Observo con desconfianza la máquina de productos lácteos
       enriquecidos con fibra. Me hipnotiza su armazón
       inaccesible, sus entrañas de frío multicolor.
Nunca me ha hecho falta palparme los bolsillos para saber
       que estaban vacíos. Me palpo los bolsillos.
Vigilo la máquina, su realidad totémica y expendedora, a la
       espera de que suceda algo. Ni un solo parpadeo. Pero
       mi sed.
Toco su cristal como se toca la ventanilla de un coche con el
       motor encendido, a punto de marcharse con nuestras
       huellas dactilares sobre el rostro del conductor.
No me bastaría con poseer una de sus dosis de belleza
       esterilizada. Quisiera ser ella, forma reciclada,
       materia inerte expendedora de materia.

DE LENGUARAZ (AFORISMOS)

Sólo la juventud es suficientemente osada como para escribir aforismos, sólo la vejez suficientemente sabia. Los aforismos son un género imposible.

*

Somos capaces de sentir con cada parte de nuestro cuerpo. Quisiéramos poder pensar de esa manera.

*

El mar es un monólogo interior.

*

Rencorosa y nostálgica, la civilización construye una pequeña ciudad dentro de cada bosque y un pequeño bosque dentro de cada ciudad. Se multiplica este ejercicio hasta el infinito en el interior de cada persona.

*

Una autobiografía es un escondite muy sofisticado.

*

En el aire hay tres tipos de pasajeros: los que desconfían de las máquinas, los que desconfían de los seres humanos y los que desconfían de la metafísica.

*

El lector codicia esa ráfaga.

 

Publicado el 23/1/2011



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