|
Entrevistas
y poemas de Elena Medel, Jesús Jiménez Domínguez
Tres poetas imprescindibles inauguran esta sección de Firmas invitadas: Elena Medel, Jesús Jiménez Domínguez y Pablo García Casado. Los tres han tenido la amabilidad de contestarme a cinco preguntas, de las cuales las dos últimas son comunes a todos. Finalmente, he elegido tres poemas de cada uno de sus últimos libros publicados, una elección, ciertamente, muy difícil. Ignoro si este baile numerológico obedece a algún oculto arcano, pero antes de pararme a averiguarlo, mejor entremos en materia. J.M.M. Elena Medel
En líneas generales, la crítica ha subrayado las diferencias que hay entre Mi primer bikini y Tara. Pero yo te quería preguntar aquí en qué se complementan ambos libros, si crees que son complementarios en alguna medida. Con la perspectiva que da el tiempo, ¿piensas que forman parte de un ciclo poemático más amplio? Tengo claro que Mi primer bikini forma un bloque temático junto a Vacaciones (El Gaviero, 2004), pero no sé si Tara marcará el comienzo de una nueva etapa, o se tratará de un poemario aislado. Sí sé que, desde luego, se distancia de todo lo que había publicado anteriormente. Mi escritura es muy lenta, tardo muchísimo en concebir una obra, y apenas he esbozado un par de textos desde que finalicé Tara. Ambos libros coinciden en la predilección por las imágenes de estirpe surreal, en la falta de prejuicios al escoger referencias, en cierto gusto elegíaco… Y divergen en seis años de lecturas intensas, de escrituras y reescrituras, que son las que convierten a Tara en un libro distinto a Mi primer bikini y Vacaciones. Tara explora el versículo pero, sobre todo, entabla un firme diálogo con el poema en prosa. Cuéntame algo sobre esta forma de poema, su retórica, su pulso, sus posibilidades, su futuro… Me interesa el poema en prosa porque me interesa la ruptura de barreras entre géneros (y, en general, entre disciplinas artísticas). Ofrece una expresión híbrida y me permite contar con otro ritmo, sin perder el aliño de la poesía. La polisemia del título Tara, de la que das cuenta al final del volumen, ¿es intencionada? ¿Tiene que ver con las muchas —posibles—caras del libro? Nombré Tara aludiendo a tres de los significados de la palabra: la imperfección, la esencia y el sueño. El tiempo, y las casualidades, subrayaron el carácter femenino del título, en consonancia con el núcleo de los poemas. ¿Con qué influencias (de todo tipo) te sientes en deuda y en qué medida las consideras? Disfruto escribiendo, pero aún más leyendo: cualquier libro que me aporte algo, aunque sea unas horas de disfrute, acaba reflejado en mis textos posteriores. Lorca encendió la mecha; Góngora ha continuado alimentándola. Me gusta leer a John Ashbery, a Jorie Graham, a Sylvia Plath, a Louis Aragon. Durante la escritura de Tara descubrí a Dámaso Alonso, y también me empapé de la literatura medieval hispánica. La Biblia siempre, como excepcional monumento literario. En cuanto a narradores actuales, me apasionan Jeffrey Eugenides, Ian McEwan y Haruki Murakami. Y el cine, la fotografía, la pintura, la música… Por último, ¿qué opinas del estado actual de la poesía en este país y qué futuro crees que depara a un género que tiene más libros publicados que lectores? La convivencia de diferentes estéticas y generaciones, la incorporación cada vez más firme de mujeres al panorama poético, y el nacimiento y consolidación de nuevos sellos editoriales invitan al optimismo. Cualquier lector encontrará un poeta cuyo estilo y mensaje se adecuen a aquello que espera de la literatura. En cuanto al futuro, imagino que la poesía deberá ampliar horizontes y no limitarse al papel: la mezcolanza con otras disciplinas, la apuesta por lo audiovisual, el diálogo con Internet… Aportarán no sólo nuevos lectores, o lectores diferentes, sino también una jugosa amplitud de miras. Tres poemas de Tara TARA I
La noche
de tu muerte Me tumbé, empapada, sobre el colchón. PELECANUS Una mujer entra en mi casa. Camina con pesadez, formando tras de sí un camino de arena, vestíbulo de baldosas amarillas. Se sienta frente a mi escritorio. El contacto con el respaldo de la silla transforma a la mujer en una catarata: de sus brazos, de sus piernas, mana el agua con olor a estancado, quién sabe si venida de la orilla del mar. Mi espía: uñas como lunas menguantes, quiero saber qué estás buscando en mí. Durante un rato observo sus rasgos conocidos, juego a trasladarlos a mí misma, me fijo en su vestido blanco manchado de rojo a la altura del pecho. Golpe. Sé lo que buscas en mí. Y ella responde: soy el pelícano, te beberás mi sangre, te comerás mi carne cuando no tengas nada. SUEÑO SUCIO #2 Me arranco la piel seca de los labios. Caen, de mis dedos al suelo, virutas antipáticas y grises. Permanezco unos minutos con los labios heridos. Tomo el cepillo de dientes eléctrico, enfrento su fuerza a mi silencio. El cepillo, de inmediato, se ha llenado de sangre. Las llagas crecen como esos familiares a los que sólo visitas de verano en verano. Incómodas; heridas como valles, un cadáver en la piel seca de mis labios.
Elena
Medel Jesús Jiménez Domínguez
En Fundido en negro echas mano de una mitología muy peculiar, con nombres como Bela Lugosi, Koji Kabuto, Shelley, Alejandra Pizarnik, Syd Barrett, Lucifer… ¿Por qué? ¿Qué has encontrado de rasgo común entre todos estos personajes? Escribir poesía siempre me ha parecido un poco como practicar la oui-jà: nunca sabes quién o qué va a acudir a tu encuentro. A veces invocas a tus propios fantasmas y otras veces en los fantasmas ajenos hallas a los tuyos. En mi Partenón privado que es Fundido en negro (porque, entre otras cosas, Fundido en negro es un libro lleno de homenajes) conviven artistas malditos, cantantes alucinados, personajes de películas o poetas suicidas. Se llevan bien entre ellos porque la mayoría tienen en común un destino trágico y a menudo truncado. Los perdedores siempre me han atraído más que los ganadores. Los ángeles se parecen más a nosotros si son caídos o se les confisca las alas. Otro Ángel, Guinda, ha escrito muy bien esa sensación en un solo verso: Si lo he perdido todo ya soy un ganador. Sin duda, hay cierta épica (tremendamente humana, eso sí) en perder, en fracasar. Fundido en negro usa con eficacia envidiable símbolos clásicos en poesía: la noche, el viento, el río… unidos a otros elementos que podríamos denominar “modernos”. ¿Cuál es la clave y qué "futuro" le auguras a los símbolos eternos? Convivimos continuamente con los símbolos. Forman parte de nuestra condición humana y de nuestra cultura. Afirmaba Aristóteles que no se piensa sin imágenes y es verdad. La poesía, que deforma el lenguaje en virtud de una exploración metapersonal, permite entender todo el proceso simbólico como una estructura de hechos y de conocimientos. Esto llevó al filósofo Shelling a sostener la idea de que solamente el símbolo permite acceder a lo infinito. O a Dios, en el caso de los creyentes. El poeta en formación tiende a crearse sus propios símbolos, no atendiendo a que el símbolo, al fin y al cabo, no es más que un sistema pactado de señales, de banderas, una especie de semiótica. Y si no respetamos el código, no habrá manera de entendernos. Un uso abusivo o inadecuado de ese código simbólico puede hacer el poema ininteligible o absolutamente oscuro. Por eso es más fácil llegar al lector si escribes fundándote en símbolos reconocibles o universales. Pero yo intento a veces jugar con ellos, otorgarles una dimensión nueva, o más actual si quieres llamarlo así. La fuerza creadora de la formación de símbolos poéticos fue desarrollada en alta medida por los poetas de la Antigüedad y acaso pudiera parecer que en nuestro mundo racionalizado y reduccionista ese don poético hubiera quedado en buena parte reprimido y encubierto, pero creo firmemente que de alguna manera sigue aguardando en el fondo del alma humana. ¿Qué futuro le auguro a los símbolos eternos? Permítaseme la broma aunque no responda a la pregunta (y es que no me sé la respuesta), pero la eternidad en sí misma tiene un gran futuro, sí. Tu libro habla de la pérdida y la fuga. De hecho, la poesía es pérdida y fuga. ¿Hay algo permanente, al menos en poesía? En mi fantasía, la poesía la “inventó” aquel primer hombre que, sediento, se acercó hasta el río para intentar aprehender el agua con las manos y descubrió que ésta huía entre los dedos. Luego quiso contarlo. En mi poesía hay mucha sed, y de hecho “sed” es una palabra que a menudo se repite. Deseo y fuga en constante lucha. Ese sentimiento de búsqueda insaciable, de preguntarse acerca de la identidad de uno mismo y del mundo, va a ser algo permanente en poesía, porque es inherente al ser humano. Es la poesía misma. Por eso y por otras muchas cosas, sigue siendo cierta la evidencia aquella de que podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía. Una aseveración simplona, de acuerdo; pero cierta. Además, al contrario de lo que muchas veces se profetiza, creo que no está todo escrito. Y aunque así fuera, ya lo dijo André Gide: Puede que todo esté dicho, pero como nadie escucha, hay que volver a empezar de nuevo. ¿Con qué influencias (de todo tipo) te sientes en deuda y en qué medida las consideras? No tengo muy claro cuáles son mis influencias, pero seguramente son tantas y tan dispares que terminan cohabitando y diluyéndose en mis propios textos. Me interesan los poetas que “escriben con los ojos” y que ofrecen una mirada nueva de cuanto les rodea. Me interesa la poesía que ahora se llama “del conocimiento”, aunque en realidad toda ella lo sea. Pero el conocimiento no sirve de nada si luego no lo utilizas para vivir, para buscar el placer y la felicidad. Me gustan las imágenes poéticas bien construidas y que proponen juegos intelectuales dentro de un plano metafísico. Pero metafísica de andar por casa, metafísica “en pantuflas”. Me gustan los poetas que cuestionan la realidad y con su poesía la vuelven del revés y multiplicada: poesía cubista, si se me permite la expresión. Por último, ¿qué opinas del estado actual de la poesía en este país y qué futuro crees que depara a un género que tiene más libros publicados que lectores? Desde el lado creativo, pienso que la poesía española goza de buena salud. Creo que hoy el creador contempla la poesía más desprejuiciadamente que hace unas décadas. Al menos yo lo hago y creo que, en general, sí existe esa sensación. Las poéticas llevadas a los extremos no crean sino sectas estéticas que terminan siendo caricaturas en sí mismas. Además, en este país se ha dado siempre un sentimiento parricida: para salir adelante e imponer sus propias poéticas parecía imprescindible “matar al padre”, al predecesor. Eso es un gran error, porque supone perderse gran parte de una suculenta tradición poética. El sincronismo y la convivencia siempre me han parecido más enriquecedores que el derrocamiento y el sectarismo. Desde el lado editorial, la crisis no afecta solamente a la literatura (y a la poesía en particular), sino a también otros ámbitos. Si no, fíjate en la industria de la música. Pero la crisis en poesía es una crisis crónica: simplemente, la poesía es y será un placer minoritario porque sumergirse en ella supone un esfuerzo añadido con un alto grado de pensamiento abstracto. Además, la palabra escrita vive sitiada por una cultura de la imagen, inmediata, fácil, que requiere poco esfuerzo y que además es fagocitada (y a veces autofagocitada) con suma rapidez. Pero también los poetas tenemos parte de culpa en esa pretendida crisis. Quizás ya no vale con escribir para uno mismo y sucede a menudo que el poeta suele mirarse el ombligo antes de intentar descubrir cómo es el ombligo del poeta vecino. El narcisismo y la endogamia siempre han sido los grandes peligros de la poesía. ¿El futuro? Nunca he sabido con qué tenedor se come eso del futuro. Y quizás sea mejor así. Tres poemas de Fundido en negro LA CANCIÓN QUE EL VIENTO SILBA DE NOCHE
La canción
que el viento silba de noche
La canción
que el viento silba de noche
La canción
que el viento silba de noche
LA CEPA
QUE ASCIENDE HACIA LA LUZ
¿Qué
único río posee una orilla?
—Muchas
son las preguntas, maestro Sozan,
—Bebe
tranquilo, Seizei; pues todas las preguntas
—Maestro,
ilumíname: ALEJANDRA PERDIDA EN PIZARNIK
Permanezco
dentro de la noche
Cada paso
se aleja del primero
Y el
seconal pone su rosa mustia
Ahora
pertenezco al frío, entro en él
Salgo de
mi vida en llamas
Jesús
Jiménez Domínguez Pablo García Casado
Foto de Thomas Canet Mucho tiempo ha pasado ya desde la célebre y jocosa letrilla de Quevedo... En el fondo, ¿nada se entiende sin economía? ¿O sólo se entiende la economía si se asume como materia poética? La poesía, tal y como la entiendo, implica una mirada oblicua de la realidad. En esa óptica, tanto lector como escritor incorporan sus obsesiones individuales, sus emociones. En el mundo actual, el dinero es un generador de emociones, ya sea las relacionadas con el deseo o bien con el miedo. A eso hay que añadir su valor como icono, como tótem incluso. No obstante, Dinero no es un libro que aspire a la totalidad: hay vida más allá del dinero, no cabe duda. Por otro lado, la economía está cada vez más influida por emociones. Véanse las últimas crisis en la bolsa para entenderlo: los economistas cada vez hablan menos de números y más de “estados de ánimo”. Un famoso verso de Borges decía que la poesía es pobre. Sin embargo, Leopoldo de Luis afirmaba que la poesía siempre ha sido un oficio eminentemente burgués. ¿Qué posición tomarías entre ambos extremos? Todo esto es un viejo conflicto. Si entendemos la poesía exclusivamente como aquello que se publica en libros de poesía, que se reseña en revistas o suplementos especializados por críticos, y que se enseña en las facultades de filología, le daremos la razón a Leopoldo de Luis. Pero yo soy partidario de un concepto mucho más amplio. Pienso en “Conchita Piquer”, de Vázquez Montalbán… Los implacables y precisos poemas de Dinero, como una declaración de intenciones, eligen la prosa. Cuéntame algo sobre esa elección formal. Después de El Mapa de América, necesitaba encontrar un soporte más neutro que la hímnica del libro anterior. El poema en prosa me ha permitido ganar en rigor y eficacia. Es un planteamiento formal donde caben otras propuestas mucho más líricas y no precisamente realistas, como se demostró en la antología Campo Abierto. ¿Con qué influencias (de todo tipo) te sientes en deuda y en qué medida las consideras? No es fácil delimitar qué es lo que más me ha influido. Hace un mes en la revista el Ciervo hablé de libros a los que vuelvo a menudo. Pero cómo no estar en deuda con todo el surrealismo. Cómo no reconocer que nada fue igual después de las vanguardias. Porque un escritor es, sobre todo, un explorador de lecturas. Y no sólo de libros. De música, de cine, de ensayo, de arte contemporáneo, de todo aquello que puede alimentar a la máquina. Por último, ¿qué opinas del estado actual de la poesía en este país y qué futuro crees que depara a un género que tiene más libros publicados que lectores? Si nos referimos al concepto de Leopoldo de Luis, yo creo que la poesía goza de excelente salud. En primer lugar, porque hay una “protoindustria” de la poesía, con varias editoriales que dan cabida a una extensa variedad de propuestas estéticas, y más público lector. Relacionado con ello, esas editoriales cumplen la función de trasladar al castellano libros esenciales de la poesía contemporánea internacional. Esto hace que el poeta tenga, en la actualidad, más referentes poéticos donde elegir. Son elementos que se alimentan mutuamente. Por eso, teniendo en cuenta que hablamos de poesía, no soy pesimista. Tres poemas de Dinero ¿NO HAS PENSADO EN PREPARARTE UNAS OPOSICIONES? El sueño de un tendero jubilado, ¿nombre del padre y de la madre?, y de un ama de casa que ha planchado cien veces la misma camisa. Una vida perdida en bibliotecas, ¿nivel de estudios?, ¿formación complementaria?, tentado por cursos a distancia y dinero rápido. Temarios de oposiciones. El sudor de las preguntas de cultura, cuál es la capital de Checoslovaquia. Y luego aceptar cualquier cosa, fijo más comisiones, cualquier cosa. La culpa y unas ganas terribles de escapar, ¿está dispuesto a cambiar de residencia?, nadando contracorriente en supermercados descuento. Latas de oferta, pasta de oferta, ¿qué conoce del sector de la distribución alimentaria?, mucho pan, pan y fruta. Coches que aparcan en doble fila, ¿dispone de vehículo?, con los remates cromados y las lunas tintadas. Las manos curtidas de sus jóvenes conductores, llenas de grasa y experiencia. ¿Cuáles son sus aficiones? CONSTRUCCIONES LUQUE Habíamos terminado la obra y hacíamos cola en la caseta. Íbamos cobrando según lo convenido, ni un céntimo más, tú esperabas noticias pegada al teléfono. Luque llamó para invitarnos a una copa, hay que celebrarlo, y entramos en una de las casas que habíamos construido. Champán, coca por todas partes, putas bailando enla escalera. Rubén hizo amago de marcharse, me tengo que ir, me esperan en casa, pero Luque dijo, si te vas ahora no vuelvas a pedirme trabajo. Todos conocíamos a Luque y sabíamos que iba en serio. Cuando llegué a casa te encontré durmiendo en el sofá con la tele encendida, los tacones de aguja esperaban vacíos en el dormitorio. Guardé el dinero en el cajón y me fui a la ducha. Luego, ya en la cama, me susurraste al oído, ¿trajiste el dinero? SEDA El rumor de la ducha contra el cuerpo. La puerta del dormitorio está abierta, unas manos recorren el cajón del armario, seda fría, encaje de blonda. ¿Mamá? ,¿eres tú?
Pablo
García Casado Publicado el 20/2/2008 |