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Vitral de voz, de Carlos Fernández López, se presentó en La Casa Encendida, en Madrid

 

El pasado día 9 de diciembre se presentó en Madrid Vitral de voz, poemario de Carlos Fernández López, publicado recientemente por DVD Ediciones. El acto tuvo lugar en La Casa Encendida, y el poeta estuvo acompañado por Héctor Solari, autor de los dibujos de la serie de poemas Materiales para el desastre (incluida en el libro), la compañía de danza Ava Dance Company, y por Ignacio Miranda, que leyó un texto de Pau Sanmartín, escrito para la ocasión, y que aquí reproducimos.

SOBRE VITRAL DE VOZ, POR PAU SANMARTIN

La primera vez que leí poemas de este Vitral de voz fue en el curso 2003- 2004, si no me equivoco, cuando conocí a Carlos Fernández López. Desde entonces hasta ahora, he leído los poemas que Carlos ha escrito y he visto cómo ha ido desarrollándose el libro, cómo ha pasado por distintas versiones, por procesos de (re)escritura, (re)estructura y ordenación. El texto que ahora se publica en DVD Ediciones es, por tanto, el resultado de un trabajo muy minucioso y meditado.

Se podría comparar este Vitral con un árbol que va creciendo por arriba y por abajo, ampliando su ramaje y afianzando sus raíces. Pero la imagen que más se ajusta a su gestación, sin embargo, no es tanto la de un árbol que aumenta de tamaño como la de un árbol que aligera su fisonomía. El desarrollo que ha experimentado Vitral de voz no es un crecimiento expansivo sino un crecimiento hacia dentro: un desarrollo menguante. Como le ocurre a la luna, no se trata tanto de una reducción de su tamaño cuanto de ocultar a la vista una parte para conseguir una forma más perfilada. Lo que hay, pues, en este Vitral de voz es un trabajo de vaciado, poda y pulido, para llegar a una estructura esencial, perfecta y bella como la miniatura del bonsái.

Tres imágenes más: la composición musical, el vitral y el haiku.

Vitral de voz tiene una estructura que recuerda en muchos aspectos a la de una composición musical. Cualquiera que haya escuchado a Carlos leer los poemas del Vitral, lo primero que habrá advertido es el peso que tiene el componente fónico en ellos. Al leerlos con más detenimiento, se detecta una abundancia de aliteraciones y anáforas, calambures, neologismos que surgen arrastrados por una secuencia de sonido… Algunos poemas y vetas nacen de una disolución de poemas previos y más extensos que Carlos ha recortado siguiendo una lógica fónica. Pero Vitral de voz es también musical por el uso del leit motiv, pues este poemario está construido en cierto sentido como una pieza musical, en el que resuenan y riman entre sí determinados campos semánticos, trabando los poemas del libro. Hay una serie de palabras fetiche que aparecen y reaparecen aquí y allá: palabras mantra, palabras círculo, palabras enjambre…

El Leit motiv es un recurso narrativo que se usa en la composición musical pero también –y ha llegado el momento de hacer referencia al título de este libro- en los vitrales de las iglesias. Vitral de voz (de nuevo la aliteración) es tal vez uno de los mejores títulos que he leído y, desde luego, el mejor que podía tener (el único) este poemario.


Carlos Fernández López y Héctor Solari

Vitral de voz, ya lo he dicho, es un libro muy meditado, muy bien estructurado. Hay todo un trabajo de relojería detrás mediante el que los poemas se engarzan –por lejanos en el tiempo que estén unos de otros en lo que a su gestación se refiere- en torno a un núcleo central: la voz. Su encaje dentro de una estructura de vitral crea el efecto de una narración: una narración en la que se relata el itinerario de una voz protagonista, las distintas fases poéticas por las que ésta transita (de agua a llaga). Como sabéis, los vitrales de las iglesias se construyen mediante una técnica de mosaico similar, consistente en dividir el espacio en compartimentos en los que cada uno no lleva más de un color por cada fragmento de vidrio.

Así pues, como si Carlos compusiera un vitral, se unen aquí tres colores: el color agua, el color llama y el color llaga. Con miedo a parecer reduccionista pero sin más remedio que serlo, diría que la parte de “Sobre voz de agua” canta el surgir de la voz, los poemas de “Sobre voz de llama” giran en torno de la idea de bullir (como bulle un volcán en reposo activo, aparentemente bloqueado, aunque también se juega aquí con la semántica de “llama” como invocación desde el reposo) y “Sobre voz de Llaga” ronda la idea de volver (el re-cordar de la llama que es ahora llaga).

La primera sección (“Sobre voz de agua”) consta de 5 poemas, la segunda (“Sobre voz de llama”) de 7 y la tercera (“Sobre voz de llaga”) vuelve a los 5. Esta combinación nos recuerda a la estructura estrófico-silábica del haiku, sólo que aquí el molde japonés se ha aplicado a la macroestructura. Asimismo, como ocurre en algunos haikus, en donde el último verso actúa muchas veces como una suerte de síntesis de lo dicho en los versos precedentes, la última sección (“Sobre voz de llaga”) concentra y remata las dos fases anteriores de la voz: la propia voz “llaga” es ya una síntesis fónica (de llama y agua) y una fusión semántica de las partes precedentes (se podía decir que la semántica del fuego y del agua está omnipresente en el poemario). Y se trata de una síntesis porque agua, llama y llaga no son –en definitiva- otra cosa que diferentes matices una misma realidad: la voz.

Esa voz a la que se refiere el título del poemario (e indirectamente cada poema) no es otra que la voz poética: un canto que aspira a despojarse de su traje de palabras y abrazar una experiencia que se percibe por vías trans-lingüísticas. La voz de este Vitral aspira a una expresión pura: esa nieve blanca que aparece en los poemas bajo diferentes disfraces, esa nieve que aúna fuego y agua, frío blanco que quema, destello (fuego) que fluye (agua), que perdura. Hay una veta que me gusta especialmente y que ilustra muy bien esto a lo que me estoy refiriendo:

No exis te ma ner a más nít ida de ama ne cer”

Como si se quisiera destruir la paradoja de la flecha de Zenón, Carlos consigue expresar perfectamente este flujo intenso y detenido bajo el que se produce la revelación de la voz.

La voz canta ese aguantar el resplandor, un sostener la quemadura (y de ahí la llaga resultante). Pues no es otra su función: la voz poética es un transductor, un fino vitral que quiere dejar pasar el flujo de la emoción poética. Lo que nos conduce de nuevo a lo acertado del título: Vitral de voz pero también Vitral= voz. Lo dicen los propios poemas:

No hay adentro ni afuera: un pulso único y agua”.

siempre surge tu voz en los umbrales,/ en el tránsito” (Sobre voz de agua, 5), e inmediatamente a continuación, la veta: “como si nacieras del fuego, como si brotases de la sed” subraya aún más ese carácter fronterizo de la voz, de aquello que surge en el encuentro de dos objetos antinómicos al igual que dos cristales se encuentran en un vitral, apenas separados por un delgado hilo de plomo.

La composición del Vitral como una alternancia de poemas y vetas, que, como su nombre indica, son líneas subterráneas de prosa poética que recorren los bajos de las páginas impares, entronca de nuevo al libro con el trabajo complejo y delicado de la vidriera. Estas vetas dialogan con los poemas a los que van ligados, y, al mismo tiempo, trazan un dibujo con sentido propio. Todo ello hace de Vitral de voz un libro lleno de posibilidades, lecturas y matices. Un libro rico, en definitiva.

Pero para terminar esta presentación me gustaría que os quedarais sobre todo con tres palabras, con tres voces que, a modo de haiku, creo que se ajustan bastante a este Vitral: delicadeza, concentración, intensidad.

Pau Sanmartín Ortí



Publicado el 11/1/2012

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