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Pepa Merlo |
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Las mujeres de El Haza son tiernas y contumaces a un tiempo, comprensivas y convencidas. Tú dices que cuentas la historia de una voz hecha de trece y uno en cambio se aventuraría a afirmar que eres tú, que es tu voz y que, en realidad, llevado por los adjetivos, se trata de un buen autorretrato. No, en ningún caso soy yo. Son ellas, son sus voces. En el Prefacio del libro explico bien todo el proceso de creación. Evidentemente el libro también tiene de mí, soy yo quien lo ha escrito y bien sabes que la literatura no puede desligarse de uno mismo, de tu propia historia, de tus circunstancias. Sin embargo, decir que este libro soy yo, sería un crimen para con esas mujeres a las que estuve entrevistando en sus casas, que me dejaron sus diarios de los que, a veces tomé frases literales, que me contaron sus secretos y sus vidas. Lo único mío real es el cariño que le puse al escribirlo porque ellas me trasmitieron ese cariño. Conozco sus vidas por haberlas escuchado y leído, pero no las vivido. No soy yo. Pero no puedo sino ser sincero contigo; me encanta tu libro y la vibración tan rotunda que desprende. Sin embargo desearía que no hubiera más libros ni más películas ni casi más nada sobre la Guerra Civil ni la posguerra. En España se lee ya casi sólo novela norteamericana y pienso que una de las razones es que necesitamos librarnos de la tortícolis de izquierdas y de la tortícolis de derechas, pero sobre todo de la tortícolis de ser español. Estoy completamente de acuerdo contigo. ¡¡¡DEMASIADOS ESCRITOS YA SOBRE LA GUERRA!!! Aunque ¿no hay demasiados libros de amor y policiacos y sobre la Segunda Guerra Mundial y sobre el Nazismo y sobre el caballo y la prostitución y los espías y los virus que eliminarán a la especie humana...? ¡Demasiada Jane Austen en las librerías! Son temas ni más ni menos y cada cual elige el que le conviene o le apetece o le gusta... Pero este en concreto es un tema que como poco ayuda a saber de tu propia historia que al fin y al cabo es lo que tu eres. Pero no seré yo quién escriba más sobre el asunto. De todos modos, si lees el Haza de las viudas, verás que no hay más que una referencia al golpe de estado del 36 y muy muy novelado, El haza es más bien un libro de "personaje". Es más un libro sobre un modus vivendi, el de la mujer. Pero si te fijas puedes leer El haza y extrapolarlo a cualquier tiempo, ciudad, país, o incluso puede ser todo una invención sin tiempo, lugar, país... Lo que yo quería destacar realmente era "el sentimiento" de ellas. Debes saber que la idea de este libro me llegó de un modo extraño, que al principio yo no quería escribir y que lo hice cuando las conocí. Entonces pensé que hacer este libro era de algún modo hacer un homenaje a mi propia abuela, a mi madre, a toda una generación sacrificada. Ellas no tuvieron posibilidad de vivir libremente, fueron las "criadoras de hijos sanos para la Patria", cuando no se los quitaron. Creí hacer un homenaje "a la mujer", a aquellas mujeres que han hecho que yo sea lo que ahora soy. Y viendo que cada día una mujer muere a manos de su pareja, a veces dos y tres víctimas en el mismo día, o cuando escuchas cómo viven muchas mujeres con miedo a las represalias del marido si salen simplemente a tomar una cerveza o tardan un poco más de la cuenta en la peluquería, creo que no es un tema tan lejano, por desgracia. De hecho Peces en la Tierra es otro modo de recuperar voces perdidas, de recordar lo que se ha olvidado en la historia de la literatura: los nombres de mujer. Las ELLAS que se borran después del primer discurso de Franco a la Sección Femenina: "Hay que recuperar el hogar para la mujer". Y ojo: no se trata en ninguno de los dos casos, de manifiestos feministas. Pero yo soy un poquito de ellas y creo que de algún modo les debo algo, lucharon para que yo fuese libre, abrieron un camino muy importante para mí y lo mínimo que puedo hacer es rendirles un homenaje del único modo que sé, con la palabra escrita. ¿Quién se queja de otro libro más sobre el Holocausto? No sé. Espero que en un futuro se escriban también muchos libros sobre Palestina. El estado que pudo ser y nunca fue, por ejemplo... ¿Y no es peligroso tener un país con dos cabezas que se odian? Los siempre catastrofistas medios conservadores y hasta los que se están volviendo conservadores como El País hablan de la posibilidad de que la crisis económica acucie conflictos civiles. ¿Y no te parece que para resultarte el tema cansino preguntas mucho sobre él? El problema de este país es que se pasó página en el momento en el que debieron de curarse heridas y de fraternizar ambos lados. Son treinta y seis años desde el 75 en el que se ha hecho como que nada había ocurrido. Pero había ocurrido algo terrible, mucho más terrible incluso que la propia Guerra Civil Española, había ocurrido un Genocidio durante casi cuarenta años. ¿CÓMO VA A PASARSE PÁGINA A ESO? El problema de este país es que la derecha, no toda por supuesto pero sí los dirigentes de derechas en su gran mayoría, no son conservadores, son franquistas y los de "izquierdas" (que no sé bien donde están políticamente ahora) saben que los otros no son conservadores sino franquistas. "Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón" sigue viviendo desgraciadamente. Claro que es peligroso que un país tenga dos cabezas (algunos países tienen siete) y que están usando la crisis para tomar el poder, ya que por las armas como antiguamente no pueden, (porque está mal visto, no por otra cosa), pues usan lo que tengan más a mano. El problema de los políticos de este país no es ni siquiera la ideología, es que no tienen altura política. Cuando no se tiene "clase" política se cae en los Mussolinis, en la bravuconería, en el populismo y de ahí a los fascismos... ya te digo. Bueno, si hablara sobre el Holocausto me pondría mucho más cansino... Por cierto, si miras la cifra de hombres y mujeres en las antologías de poesía de cualquier edad, se podría decir que tarde o temprano (y ésa es una de las cosas más tristes de las que hablas en tu compilación: el abandonar) sigue habiendo “peces en la tierra”. Y sin embargo, también el criterio de paridad es una perversión, ¿no es cierto? Pertenecer al género femenino no hace que seas una gran poeta, una gran política, una gran empresaria o una gran bombera. Uno es buen poeta, político, empresario o bombero sea cual sea el género. Como mujer no me gusta que la ley obligue a un porcentaje de mujeres en los sectores públicos, porque no es justo. Lo justo es que los mejores sean del sexo que sean ocupen los puestos que deban ocupar. El problema de la sociedad en la que vivimos (insisto en las muertes diarias de mujeres y no se da la importancia que tiene. Si ETA o cualquier grupo terrorista asesinara a una persona diariamente, el gobierno estaría en jaque. ¿Por qué con la mujer no? Quizás porque seguimos siendo aún ciudadanas de segunda. No olvidemos que para la Iglesia católica tenemos alma desde hace muy poquito. Eso por no hablar de ciertas sentencias de nuestros jueces). Quizás el único modo de que la sociedad se de cuenta de que la mujer es tan válida, o más en muchos casos, como el hombre no es ni más ni menos que a fuerza de ley. Lo justo sería que no hubiera ninguna ley de paridad pero tampoco ninguna discriminación. Ya sabemos que en muchas instituciones públicas, (y privadas ni te cuento), la mujer cobra menos que el hombre teniendo el mismo nivel de productividad que él, a veces incluso más. Yo creo que la ley de paridad es un modo de educar a la sociedad. Para que un día la contratación y la igualdad en el trabajo de la mujer sea algo normal y no se necesiten leyes. La existencia de una ley es una discriminación. Si hubiese una igualdad real no haría falta ley alguna. El día que no haya ley de paridad una de dos: o habremos conseguido normalizar los géneros o directamente habremos vuelto a la cocina con la pata quebrada. No sé. Si te tuvieras que quedar con uno de los peces que antologaste, ¿por cuál te decidirías? Me quedo con varias: Concha Méndez, Elisabeth Mulder, Lucía Sánchez Saornil, Marina Romero y por supuesto con los poemas eróticos de Margarita Ferreras. Y fíjate, no sólo me quedo con sus poemas, me quedo también con sus biografías, ¡increíbles! Y hablando de marginados, el cuento parece estar entre la desdicha comercial de la poesía y la calamidad del teatro: ahí es de hecho donde, si te fijas, colocan los libros de relato en las librerías que alcanzan a tener una sección para ellos. Los géneros menores están obligados a preguntarse por el futuro del libro en papel. Y no parece muy halagüeño. ¿Cómo lo ves tú? Bueno, a pesar de que en los últimos tiempos el cuento en España ha tenido un buen impulso, sin embargo es evidente que éste no es país con tradición de cuentistas, no ocurre como en Hispanoamérica donde la tradición es impresionante. No hay un público lector de cuento. Aquí somos más bien de novela decimonónica. Un lector de calle es capaz de leer 1000 páginas de un best seller antes que un cuento de cinco y eso es muy difícil de comprender. Quizás por eso los escritores tampoco se hayan decidido por éste género, para qué si no hay un público. Escribir un cuento es muy difícil. En un cuento de cinco folios, por ejemplo, tienes que condensar lo que hay en una novela de 500. Construir un mundo en cinco folios no es ninguna tontería. Y los grandes escritores lo saben. ¿Cuál es, desde mi punto de vista, el problema del cuento ahora en España? Pues que cualquiera escribe cuentos. El cuento no se plantea entonces como lo que es, como un género, como uno de los géneros más difíciles, sino que se ha convertido en los cuatro renglones que cualquiera escribe. Y hay cientos de web de relatos, de microrrelatos, concursos en radio para masas, escuelas de cuentistas... y un largo etcétera que ha aplastado la cabeza al cuento antes de que haya conseguido levantarla. Todo el mundo escribe cuentos, hasta yo. Desde luego le auguro un futuro pésimo. A ti te gusta decir que tus cuentos son de otro. O novelar las historias de los amigos... No, ¡mis cuentos son míos y de nadie más...!!! Lo que ocurre es que el proyecto en el que estoy trabajando es esa maravilla de la vida, historias reales que ocurren y que uno no puede creer si no es en la literatura o en el cine. Se habla mucho de la posibilidad de publicar en España, de los premios, de si todo está podrido y si hay que tener un padrino. El sistema de premios parece que ha llegado a un callejón sin salida si se mira la repercusión de certámenes otrora prestigiosos. Y sin embargo, y paradójicamente, parece que mientras duren las ayudas públicas la única salida para que las editoriales puedan apostar por alguien nuevo sin darse tan de bruces es la de un premio. Yo creo que por encima de malos olores y mucho más allá de padrinos, existe el autor y la buena literatura. Una buena novela o un buen libro de cuentos o de poemas o una obra de teatro sobrevive a todo eso. Hay que diferenciar dos cosas. Por un lado, la LITERATURA y por otra EL MERCADO. Son cosas completamente diferentes aunque sé que en muchas ocasiones van de la mano. Hay escritores que han ganado el 90% de los concursos de este país, viven de eso, saben cómo escribir para un jurado y sus libros se crean con ese objetivo. Después nadie conoce sus nombres. Porque los concursos literarios son algo muy muy arbitrario. Luego está el escritor profesional con sus agentes, sus agendas, sus grandes editoriales... parecen más ejecutivos que escritores. Pero como todo en esta vida, existe el escritor que de pronto consigue pasar la primera barrera de selección de un concurso y lo gana y edita en una editorial conocida, que no es sinónimo de buena y sin agente y sin agenda consigue publicar sus libros. Aunque no viva de la literatura. Pero es como todo en esta vida. Supongo. De todos modos creo que no son las reseñas en prensa, ni las entrevistas en TV o en radio, ni las grandes editoriales, ni el marketing quien hace de un autor un gran autor, es el tiempo. Y de las editoriales casi que prefiero no hablar. ¿Por qué prefieres no hablar? ¡Habla, habla! Prefiero no hacerlo. Sería un tema largo, largo, aburridísimo y consabido. Partiendo de la base de que el libro es lo menos importante para muchas editoriales, ¡apaga y vámonos! (afortunadamente no para todas). Da igual que esté bien o mal escrito, da igual quién lo escriba, da igual qué diga, importa poco el tiempo de trabajo del autor, lo único que cuenta es si el resultado del estudio de mercado que se hace al libro es positivo o negativo.Editoriales que venden libros como podrían vender filetes de caballa o bolsos de piel. Editoriales que se señalan como atrevidas por el catálogo y los libros que publican los publican porque saben que levantarán polémica, lo cual viene a decir = venderé más, no por un compromiso o por valentía. Editoriales que bla bla bla... Prefiero no hacerlo. Has sido antologada recientemente en un volumen de jóvenes relatistas. ¿Qué compañeros de viaje aconsejarías leer? Sí, en el 5º volumen de Pequeñas Resistencias, la antología de narradores que viene publicando Páginas de Espuma. La verdad es que me quedo con todos los autores. Una antología tiene que tener su propio carisma. Ser diferente, variada y conseguir que el lector, después de leer los cuentos, olvide el nombre de los autores y recuerde solamente los cuentos, eso es lo bueno de una antología. Y esta tiene cuentos para todo tipo de público. ¿Y ninguno te disgusta? De hecho, ¿no detestas a ningún escritor español? No detesto a nadie. Me parece un verbo muy terrible. Hay autores que me gustan más y otros menos, autores con cuya obra comulgo y otros con la que no, pero que probablemente le guste a otro lector. Los gustos son algo muy personal. No hay autor bueno ni malo, depende del gusto del lector. De todos modos creo que hablar de autores que a mí no me gustan es una pérdida de tiempo. Te hablo de autores a los que adoro que es mucho mejor. Justo Navarro, por ejemplo. Me parece el mejor narrador y uno de los mejores poetas que existen en este país. Ahora que todos los que nos rodean andan escribiendo novelas, ¿en qué andas tú? ¿En qué ando? Por ahora en moto... No, es broma. Estoy terminando un libro de cuentos. Es un libro que viene de lejos, de mucho antes de El haza de las viudas, casi desde que se editó Todos los cuentos, el cuento. El cuento es el género en el que me siento más cómoda. Aunque no creas, lo paso bastante mal escribiendo. Puedo estar cinco años con un cuento de cinco páginas... A página por año, más o menos... Nunca estoy conforme con el resultado. Y corrijo, corrijo, corrijo... En realidad los cuentos los suelo escribir bastante rápido, las historias me asaetean la cabeza continuamente. Y las escribo, pero luego las trabajo mucho. Creo que la literatura es fundamentalmente trabajo. Y creo también que ese es el problema de muchos autores jóvenes de hoy, olvidan que el medio de expresión de la literatura es el lenguaje y no saben que después del sujeto, va el verbo y después los complementos. Si no sabes usar correctamente los ingredientes en la cocina, es raro que puedas comerte lo que cocines. La gente escribe, escribe, pero pocos corrigen, y el trabajo del autor es precisamente ese. Corregir una y otra vez hasta que la narración quede pulcrísima, perfecta. De hecho también estoy trabajando en dos ediciones críticas. Como te decía, ando en moto. Hablando de Todos los cuentos, el cuento, por aquel entonces se te relacionó con la escritura de Raymond Carver… Sí. Me resultó bastante divertido. Hasta ese momento había leído los cuentos de grandes narradores norteamericanos desde los clásicos y conocidos a otros que en España no lo son tanto y que he ido descubriendo en las distinas estancias que he pasado en Estados Unidos: Hemingway, Fitzgerald, Tennessee Williams, Faulkner, Dorothy Parker, Katherine Anne Porter, Alexander Godin, E.B.White, Elisabeth Bishop, Robert Penn Warren, Sherwood Anderson, Jean Stafford, Joyce Carol Oates, Flannery O’Connor, Philip Roth, John Updike, Saul Bellow, Stanley Elkin, Mary Ladd Gavell, Harold Brodkey, Cynthia Ozick, Alice Munro, Sontag, Carolyn Ferrell, James Alan McPherson, John Cheever, Stanley Elkin, Bernard Malamud, Mary Ladd Gavell, Isaac Bashevis Singer, Donald Barthelme, Rosellen Brown, Ann Beattie, Gish Jen, Pam Durban, Pam Houston, Hortense Calisher, Gail Godwin, Ann Beattie, Alice Adams, Louise Erdrich, Tobias Wolff, Jane Smiley, John Edgar Wideman, Annie Proulx, Garrison Killor, Lorrie Moore y su maravilloso cuento “People like that are the only people here” y un largo etcétera. Pero por esos extraños avatares de la vida, a Carver en aquel momento no había tenido oportunidad de leer así que me resultó bastante divertido. Luego, lo leí. Y me sentí como Elena Garro con Marx: Yo nunca había oído hablar de Karl Marx. Decidí leer a todos los marxistas y no sólo a ellos, sino a sus antecesores, a sus contemporáneos, a sus discípulos y a sus opositores. También descubrí que los marxistas no han leído a Marx ni a los marxistas. ¡Somos muy pocos los que hemos cumplido con esa tarea! Y es muy importante enterarse de lo que está en el aire. *** A Liudmila Quincoser Dormía a los pies del lecho. Desde que era un cachorro se había acostumbrado a trepar de un salto a la cama y acomodarse en el mismo lugar, no sin antes dar alguna que otra vuelta y lamer y limpiar todo su cuerpo. Allí estaba, como cada nueva mañana, tranquila, tranquila, demasiado tranquila. Quizás no debió de causarme tanta impresión su muerte. Muchas veces, cuando la veía tan apagada, con sus ojos mirándome suplicantes, deseé que muriera y pudiera así descansar por fin. Era un animal viejo y enfermo que apenas si levantaba ya los párpados para percibir que los ruidos externos pertenecían aún a este mundo. Llevaba días sin comer, bebía algo de agua, caminaba lenta y con torpeza, trazando diagonales en lo que debía ser una trayectoria recta. Demasiado tiempo para un felino sin prestar atención al piar nervioso de los mirlos que llegaba desde el jardín. Ni siquiera se molestaba en mover despacio la oreja para seguir el zumbido de las alas de los insectos que volaban sin miedo sobre ella. Aquella mañana por fin ocurrió. Mientras yo entregaba mi cuerpo al sueño, dejándolo desamparado y sin guardia, la Muerte deambuló libre por mi habitación, quizás enfrontó su rostro a mi rostro dormido y posó su mirada en mí y su aliento, que no sé por qué, lo imagino gélido, se confundió con el mío caliente. Se sentó al borde de mi cama y acarició el lomo de mi gata, aunque perfectamente pudo rozar mi silueta con el reverso de su mano.
No
recuerdo qué soñé esa noche. PEPA MERLO
Publicado el 23/11/2011 |