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Crónica de la presentación en Málaga de Los que esperan y entrevista a su autor, Miguel Torres López de Uralde |
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El pasado 9 de mayo se presentó en Málaga la novela Los que esperan del escritor Miguel Torres López de Uralde, editada por DVD Ediciones. Rafael Ballesteros (poeta y novelista encargado de presentar el libro) señaló que la novela estaba escrita con responsabilidad y rigor, con un estilo mesurado y contenido que busca la capacidad creadora del lector, abriéndole todo un mundo para que el propio lector entre en él y lo descubra. Ballesteros destacó la habilidad del autor para conseguir que unos personajes que apenas hablan (un enfermo en coma, una sorda o un personaje que siempre cuenta la misma historia) estén tan llenos de vida y consigan transmitir tantas emociones. El presentador finalizó diciendo que Los que esperan es una obra importante, compleja pero no difícil, un edificio narrativo sólido y elegante levantado con muy pocos mimbres. Por su parte, Miguel Torres habló de lo significativo que resulta para su carrera desembarcar en una editorial como DVD Ediciones. La novela en cuestión, dijo, nació de su propia vivencia personal en la sala de espera de un hospital durante trece días. Añadió que en su proyecto literario no hay, de momento, cabida para la experimentación formal, puesto que prefiere manejarse con las técnicas que ya han sido testadas y patentadas por otros. La novedad de mi obra, afirmó, hay que buscarla en el trazado de las historias que suceden en mis novelas y en el interior de mis personajes. Para este autor, la literatura es, sobre todo, un acto de comunicación, y toda comunicación es más efectiva cuanto más sencillos y directos sean los cauces por donde transcurren las ideas. Miguel Torres apuesta por la eficacia narrativa, asegurando que en su obra cada palabra, cada frase, cada párrafo tienen una función precisa que hace avanzar la historia como en un mecanismo de relojería, con la finalidad de emocionar y/o conmocionar al lector.
ENTREVISTA A MIGUEL TORRES LÓPEZ DE URALDE En la reciente presentación en Málaga de tu novela, dijiste que había surgido de una intensa vivencia personal que tuviste en la sala de espera de un hospital. ¿Podrías explicarlo ahora con más detalle? ¿Cómo se funden, y confunden, vida y literatura en Los que esperan, si es que se produce tal fusión? El 13 de mayo de 1998, hace exactamente diez años, mi padre ingresó en coma en el Hospital Carlos Haya, de Málaga. Murió trece días después. En aquellas dos semanas, mi familia y yo apenas nos alejamos de allí. La novela surge de esa experiencia que, como ya imaginas, no deja indiferente. La literatura, tal y como yo la entiendo, nace de la vida. Ambas se mezclan, se funden, se diluyen la una con la otra hasta el punto de que a veces ni yo mismo sé distinguir la frontera que las separa. No existe la ficción pura, ni siquiera en las fábulas o en las novelas más fantásticas. Todo escritor echa mano de la vida que lo rodea. Es la materia prima. Los que esperan, incluso desde su título, remite a la sala de espera de ese hospital del que estamos hablando. El hospital es un espacio social de dolor y de curación del dolor, de desesperación y de esperanza. ¿Puede ser tu novela, como un hospital, una metáfora de la vida humana? Evidentemente. La sala de espera es un micromundo donde uno es testigo del comportamiento humano. En esa porción de mundo se dan situaciones extremas y las personas muestran todas sus caras. Los que esperan, también desde su mismo título, se refiere a un conjunto anónimo de personajes definidos por su condición de esperar, como atributo único, un atributo opresivo, con carácter casi de destino. Nos gustaría que pusieses nombre y vida al personaje que te resulte más significativo y vertebrador de la novela, y nos lo presentases. Hay un personaje cuyo nombre no sale explícito en la novela y cuya historia se cuenta en apenas una página, aunque luego hay constantes referencias a él. Se trata de Canelo, un perro que se pasó doce años esperando a su amo en los aparcamientos del Hospital Puerta del Mar de Cádiz. Es una historia real que llegó a salir en las noticias de la BBC. Al final, el perro fue atropellado por un vehículo que se dio a la fuga. Creo que la historia de este animal encarna buena parte del espíritu de la novela. Se ha afirmado con cierta frecuencia que la literatura occidental –seguramente cualquier literatura- es una literatura del dolor en sus múltiples apariciones, un intento de expresar el dolor y salvarse del mismo mediante su expresión, o al menos de protegerse de su constante amenaza. ¿Compartes esta afirmación? ¿Tiene sentido aplicarla a propósito de tu novela? No estoy seguro de que este sea mi caso, o tal vez sí. Para mí, la literatura es un acto de comunicación, una manera de conectarme con mis congéneres. Tengo la opinión de que la soledad es parte esencial del ser humano. La literatura (al igual que el amor o la amistad) son formas de paliar los efectos de esa soledad inherente. Si pensamos que el dolor puede ser una consecuencia de esa soledad a la que me he referido, entonces sí: la literatura es también una forma de protección. Los que esperan es una novela falsamente sencilla. En realidad, desarrolla una escritura y una técnica de narrar de una precisión absoluta, con mucha reflexión y trabajo detrás. ¿Es éste tu ideal de estilo, la difícil sencillez? Como he dicho antes, la literatura es para mí un acto de comunicación. En este sentido, para que la comunicación sea lo más efectiva posible, es necesaria esta sencillez, una sencillez que el lector percibe como tal, pero que, como dices, lleva muchísimo trabajo detrás. No es sólo un ideal estético; también es una postura teórica personal. Soy partidario de la eficacia narrativa. Procuro que cada parte del texto (cada palabra, cada párrafo, cada capítulo) forme parte de un mecanismo de relojería en el que todo encaja a la perfección con un mínimo espacio sobrante, un mecanismo que hace avanzar la novela hasta las entrañas del lector para al final (si lo consigo) hacer estallar allí mismo un explosivo. ¿Dónde situarías tu obra, tu proyecto literario, en el laberinto de la reciente narrativa española? ¿Hay nombres con los que te identificas en algún sentido? ¿Hay propuestas y nombres que rechazas? Me siento más identificado con autores algo mayores que con los de mi propia generación. En cualquier caso, no rechazo ninguna propuesta. Al contrario. Cualquier esfuerzo por hacer una obra de calidad debe ser recibido con alegría. No entiendo, sin embargo, que haya gente que pretenda ir contra la tradición literaria. La tradición es de lo mejor que tenemos. De ella bebemos y en ella hemos aprendido. Aunque nos pese, la tradición forma parte de nuestra naturaleza creadora y no se puede ir en contra de la propia naturaleza. Es como pretender respirar por las orejas. La literatura puede ir hacia delante, pero no en contra. A veces, quienes pretenden pasar por abiertos e innovadores, son quienes demuestran tener la mente más cerrada y quienes más dogmas intentan imponer a los procesos creativos. He leído por algún sitio de internet que hoy día contar una historia de forma lineal es una especie de atraso o de regresión. ¿Quién puede sentirse con autoridad para afirmar algo así? Mi opinión es que no hay una forma única de hacer literatura, y ahí radica la grandeza de la creación.
Procuro que cada parte del texto (cada palabra, cada párrafo, cada capítulo) forme parte de un mecanismo de relojería en el que todo encaja a la perfección con un mínimo espacio sobrante... DVD Ediciones tiene en su catálogo, curiosamente, bastantes narradores nacidos en Málaga: Juan Francisco Ferré, Rafael Ballesteros, Antonio Fontana y tú mismo. ¿Te sientes a gusto en esta compañía, que te incluye a ti mismo? Me siento abrumado, francamente, como escritor y como malagueño. Aún no conozco personalmente a Ferré, pero sí a Ballesteros (que presentó mi libro en Málaga) y a Fontana, y me he sentido tremendamente arropado y apoyado por ellos. Hablemos un poco de socioliteratura. Los que esperan ha ganado el XI Premio de Novela Juan Pablo Forner. ¿Qué opinión te merecen los premios de narrativa en España? Hay muchos premios y muchos tipos de premios, pero muy pocos (poquísimos) como éste que yo he ganado ahora. Me refiero a premios verdaderamente limpios (que pueden ganarse sin nombre ni padrino, sólo a base de buena literatura) y que a la vez te dan un empujón en tu carrera, aunque no te metan de la noche a la mañana en la lista de libros más vendidos. A mí este premio me ha posibilitado la publicación con DVD, lo cual es mucho para un autor prácticamente desconocido como yo. ¿Y la crítica de los suplementos y revistas españoles? La crítica debería buscar exclusivamente la calidad literaria, independientemente de la editorial que publique, del autor que escriba o del premio que la obra en cuestión haya podido ganar. Hay libros tan mediocres que no deberían siquiera aparecer mencionados en los suplementos literarios: deberían ser unánimemente ignorados para dejar así espacio a los buenos libros (algunos de ellos publicados por editoriales pequeñas o escritos por autores desconocidos). ¿Y las editoriales que publican literatura española, desde las clásicas, como Anagrama o Tusquets, a las más recientes, como Berenice o Candaya, pasando por DVD Ediciones o Lengua de Trapo? ¿Estamos haciéndolo medianamente bien o suspendemos? Creo que has citado las mejores editoriales del país (hay otras, como Bassarai o Acantilado...). Lo que me gusta de las editoriales de este tipo, es que puedes comprar un libro sólo porque pertenece a su catálogo, confiando ciegamente en el criterio del editor, sin conocer al autor o el título. Creo que lo están haciendo muy bien. Y lo que no deja de sorprenderme es que subsistan económicamente. En pocas palabras, sólo un nombre, ¿cuál debería ser el próximo Premio Nobel de Literatura española, si es que hay alguien que se merezca serlo? Antonio Lobo Antunez, que no es español, pero casi. Seguimos con las pocas palabras, ¿escribirías en inglés si pudieses? Mi conocimiento del inglés apenas llega para pedir una pizza. Pero si pudiese, continuaría escribiendo en mi idioma, que me parece más rico, variado y expresivo. Usaría el inglés para escribir letras de canciones (si las escribiese, que esto también es una hipótesis). En pocas palabras, ¿crees que te sería más fácil publicar en España y salir reseñado en los suplementos, a ti y a muchos narradores de este país, si os tradujesen del inglés? Si mi objetivo fundamental fuese publicar, vender y buscar notoriedad pública no escribiría los libros que escribo. Seguimos con las pocas palabras, ¿se está transformando el lector español, pese a los best-sellers españoles, en un lector de literatura traducida y el crítico en un reseñista de literatura traducida? ¿O siempre ha sido así? ¿O no es así? No sé si por literatura traducida te refieres exclusivamente a los best-sellers. Creo que no es una cuestión importante hablar de dónde venga el libro sino de la calidad del mismo. En cualquier caso, la mala literatura tendrá siempre los números a su favor. No vale la pena engañarse. La obra de calidad requiere un esfuerzo que poca gente está dispuesta a realizar. Por último, abandonando las pocas palabras, ¿cuáles son tus próximos proyectos literarios? Seguir viviendo y seguir escribiendo, si es que hay diferencia alguna. Tengo una novela entre manos y dos o tres en mente. También me gustaría escribir un guión de cine. Mi problema es que el día sólo tiene 24 horas. Publicado el 26/5/2008 |