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Los caníbales, nuevo libro de relatos de Iván Humanes

  

Los caníbales es el nuevo libro de relatos del escritor y poeta Iván Humanes, publicado por Libros del innombrable. Así se nos describe: "Desde el humor negro y lo fantástico instalado en lo cotidiano, en los relatos que conforman Los caníbales  se da cita un canibalismo evidente y carnal -el de sangre, cuchillo y dientes afilados- pero también otras formas de canibalismo, con menos hígado, pero también dañinas y voraces. La familia, el gobierno, la empresa, el pasado, las relaciones sentimentales, etc. son caníbales. A su modo, devoran al individuo y acaban con la identidad, la deforman."

Reproducimos a continuación un fragmento del relato que da título al libro, por cortesía de Iván Humanes y Libros del innombrable.

 
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LOS CANÍBALES

(Extracto)

1.

Las extremidades eran el elemento nutritivo más apreciado entre los guerreros. Para los sacerdotes estaban reservados los corazones, que se imaginaban como unidades vivas que transmitían el alma. Bajo ningún concepto la sangre era bebida, eso ya era tarea de los dioses. Y si acaso hubo un ciclo antropófago por excelencia ése fue el que debió darse a finales del III milenio a.C. en Egipto. En “los años de los chacales” el canibalismo se practicó como un medio de supervivencia. Ahora, los antropófagos más modernos recuerdan ésa época con devoción y pagan grandes sumas por las reliquias conservadas. Muy especialmente, y con más cercanía a nuestra época, valoran los vestigios del bergantín The Boyd: su tripulación y sus pasajeros fueron desmembrados y engullidos a principios del XIX por los maoríes de Whangaroa, al norte de Nueva Zelanda. De forma similar, podrían haber descuartizado a los tripulantes del Beagle, en especial a Darwin, pero, lamentablemente, no fue así y la teoría de la evolución está en boga determinista. Los “nuevos antropófagos” guardan con celo los antiguos rituales. Y para ellos la sangre sigue siendo un fluido sagrado. Agua en llamas.

2.

Una carta del padre:

Como físico que soy sabes que me interesa la velocidad en exceso, así su fórmula:



En cuanto a velocidad media, la rapidez viene dada por la división entre desplazamiento (x) y tiempo transcurrido (t). Veamos, si un cuchillo recorre la distancia del brazo al abdomen del otro -o de la otra- de 50 centímetros en 0.69 segundos, la velocidad media resultante sería el resultante de la división 0,50/0,69, que sería igual por lo tanto a 0,724 m/s. El mundo se mueve bajo leyes prefijadas. ¿Y la violencia, te preguntarás? Si podemos establecer 0,724 m/s como el “módulo de velocidad” de un asesinato “tipo”, o de un asesinato “medio” luego observamos que esas variables son relativamente falsas. El acuchillamiento debería ser certero para que tras él suceda la muerte instantánea. Si no lo es y la víctima se toma su tiempo para abrazar la desaparición (sean 2, 59 segundos o 1,39 minutos) las variables saltan por los aires y echan al traste la teoría de la velocidad, de tal forma que las siguientes cuchilladas deberían ser más rápidas para que todo fuese perfecto y las matemáticas euclidianas válidas.

De ahí la diferencia entre un “mal” y un “buen” asesino, hijo. En el “buen” asesino los vectores son visibles, limpios, intensos; mientras que en el “mal” asesino cunde la chabacanería de los vectores hechos pedazos, sucios de mala muerte. Sí, la velocidad cuenta en estos casos. El cuchillo debe ser la única arma. Un punzón o una maza cambiarían el resultado. Le darían la vuelta a la teoría porque son nuevos elementos de medidas inestables. Todo esto no es más que la constatación de que este mundo, y cierta física clásica, intenta medir lo ingobernable.”

3.

Georg Grossmann vendía salchichas preparadas por él mismo en la estación del ferrocarril. Se carteaba con Haarmann, el Carnicero de Berlín, y se intercambiaban recetas culinarias. Nació en Neuruppen, capital del distrito de Ostprignitz-Ruppin, en el estado federado de Branderburgo, en 1863. Los perritos calientes humanos eran la debilidad de Grossmann. Necrófilo y condenado por abusos sexuales, llegó a anotar más de cincuenta víctimas en el haber de su hoja contable y acabó con una sentencia a muerte que firmó el juez con varios días de retraso. La mañana en la que lo apresaron, una barbacoa humeaba en su jardín, y una joven estaba al punto de sal. El apetito de Grossmann era voraz, las partes que no le servían las lanzaba al río Spree. Y el río Spree no era el río Ganges, eso es incuestionable. Si no, los habitantes de la zona habrían sabido cómo sacar partido a ese desperdicio y vender semejantes restos como fertilizantes. No llegaron a ejecutar a Grossman. Se ahorcó en su celda con cincuenta y tres años. Y lo último que debió creer era que de su cuello estiraba hacia arriba una ristra de frescas salchichas a la pimienta.

4.

Las copas se tocan en los bordes. Creo que he visto una mosca dentro. Silvia se ha vestido de largo y no lleva zapatos, prefiere ir descalza. Tiene los hombros desnudos. Pasamos la mano por debajo de la mesa y dado que estamos en su piso, nadie más con nosotros, abandonamos pronto ese tocar por debajo y lo hacemos público a los ojos, por encima de la mesa. Tras el brindis y el beso vuelvo a la carne con salsa de moras del plato, cojo el cuchillo, la corto en trozos pequeños, meticulosamente, para que después sea más fácil alternar el mirar a Silvia con el comer. Y las moscas alrededor. No puedo evitar el pensar que si levanto la vista puedo encontrar un cadáver repleto de moscas al otro lado. Es una idea estúpida, pero que fuera Silvia, que se pudiera llamar Silvia la última, y era tan evidente que Silvia estaba allí, su nombre allí, delante, bebiendo de la copa y tragando.

Pronto será la boda.

No respondo. El vino se agarra a la garganta y sale una tos seca. Asiento. Acepto que volvemos a jugar y que esto no es nada más que una vida inventada por Silvia, con su cara fina y sus manos pequeñas, tomando de la copa sin parar, con esos tonos tan de bosque en su maquillaje.

El veintidós es la boda, queda menos de un mes –remarca arrastrando las palabras.

Vaya, felicidades, ¿te vas a casar?”

Ella siempre imagina y yo le dejo hacer, porque sé que si pensara algo más, vería que lo nuestro no es nada más que una farsa.

Cariño, tú antes no tenías vida, te acostabas por dinero. Y ahora te inventas una vida nueva, llena de compromisos y si yo quisiera, si pudiera hacer lo que yo quisiera. Vaya, sí, vaya.”

5.

Hijo, ¿qué grado de importancia le darías a la acción directa? Es decir, si tuvieras que elegir entre ir de cara al objetivo, cueste lo que cueste, o bien rodear a la presa, proponer variantes, elegir soluciones, ¿qué harías? Necesito que seas tú quien me responda, pues parece que nada se espera de los hijos y yo, al menos, espero que me guíes. Muéstrame el camino. En ello va la intuición. El ser intuitivo, que es lo mismo que decir el ser instintivo, rechaza los atajos. Yo he vivido también cómodamente, como lo has hecho tú, no he necesitado recurrir a mis nociones heredadas de supervivencia: digamos que todo me fue dado y que la vida me vino decretada y que esta mierda ya no hay manera de trocearla en piececitas de puzzle y reordenarla. O desordenarla, por si eso de si a uno se le pierde una de las piezas y ya no vuelve a ser igual y se produce la emoción de la falta del orden. Pero eso es irse de los lineamientos generales, es cierto. Maeterlinck escribió que el puño es el arma de todos los días, el arma humana por excelencia, la única orgánicamente adaptada a la sensibilidad, a la resistencia, a la estructura tanto ofensiva como defensiva de nuestro cuerpo. Así que: ¡A golpear!”

6.

El Deuteronomio, libro quinto, el último de la Torá, avisa, y relata: “La más amable y delicada entre vosotros, de tan pura delicadeza y ternura que nunca intentaría sentar sobre la tierra la planta de su pie, mirará con malos ojos al marido de su corazón, a su hijo, a su hija, y por carecer de todo, se ocultará para comer la placenta que sale de entre sus pies y a los hijos que dé a luz, en medio del asedio y la angustia a que te reducirá tu enemigo en tus ciudades…”. Cronos devorando a sus hijos porque teme ser destronado por ellos. James Cook reducido a varilla de huesos por los nativos de Hawai en 1779, el 14 de febrero, San Valentín. Castigo de Dios el valle de la Matanza: “Pondré a esta ciudad por espanto y burla; aquel que pase por ella se asombrará y se burlará de su destrucción. Les haré comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas. Cada uno comerá la carne de su amigo, en el asedio y el apuro con que los angustiarán sus enemigos y los que buscan sus vidas”. Palabra de Jeremías (19). Los mayas, un pueblo que nunca despareció y siguen sobreviviendo en la región, desangran el miembro viril de sus víctimas porque tienen la certeza que es allí donde se condensa la energía que fertiliza.

7.

Issei Sagawa estudiaba a Sheakspeare en la Universidad de Wako, en Tokio, y Literatura Comparada en París, mientras decidía qué parte, si llegaba el momento, se comería primero. Fue el pezón izquierdo. Luego vino la nariz, las nalgas, la necrofagia y la mostaza. Todo ello después de haberle leído a Renee, su víctima, algunas poesías de Dylan Thomas y ésta haberse negado a la cama. “Eres japonés y cojo”, debió decirle. Y la fileteó. Akira Sagawa, su padre multimillonario, logró que estuviese preso tan sólo quince meses. Su aportación al arte más (des)interesada se dio al ser fotografiado para ilustrar la portada de una revista japonesa de gastronomía. Más tarde llegaron los programas culinarios y la fama en su amargo país.

Publicado el 23/11/2011

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