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La poesía de Juan Antonio Bernier |
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Los poemas de Juan Antonio Bernier son breves, no suelen alcanzar la página y, si nos decidiéramos, apenas si seríamos capaces de arrancar de la tierra, palpitantes, más de tres o cuatro tropos. Así que una supuesta reseña nos llevaría a hablar de la distancia respecto al realismo de las promociones precedentes, al sustrato neopopularista que abraza la rima lopesca y el haiku, a la lectura de Juan Ramón (curiosamente más el primero que el último), a la languidez de una lírica bucólica o degradada (aunque la yuxtaposición podría también señalar un crecimiento en su trayectoria), etc. Sin embargo, sin salir de las generalizaciones, hay una de ellas más afortunada o más capaz de decir por qué su voz es eso, una voz. Se trata de una palabra muy frecuentada aunque también algo dispersa. Nos referimos al neosimbolismo, aquella característica que contribuyó a quebrar una estética realista con sus propios ingredientes, pero administrados en un exceso sutil, como una raíz que quiebra una jardinera y acaba haciendo de la grieta abierta el lugar en que se prefigura ella misma, su vitalidad y su angostura, la profundización pertinaz de su trabajo de imagen. Así, con un afán puesto en contar mejor lo que quería contar, los símbolos ocuparon el lugar de los verbos y la trama se trasmutó en la vibración vital con que respirarían las cosas (Dinggedicht?). Y aunque a algunos les cueste admitirlo, aquella abstracción, por su carácter abierto, pintó las experiencias con los colores de más vidas, nunca de menos. Para
ti las corté por la mañana. No hay desamor aquí, no hay cuerpo que regrese a su cuerpo porque no hay nadie. Al menos aparentemente no lo hay. Están las rosas. Igual que en un icono. Sí, precisamente. Igual que un icono en el que nos miramos mirando la imagen del pretendido Dios (deseante). Igual que en un icono donde la mirada cae para convertirse en levadura o ser devuelta en otro lugar, por Otra mirada, semilla de nosotros. Digo Otra mirada, con mayúscula, sí, pero no de más allá, sino de "más Acá", un más acá en proceso de "despertar" o "autodespertar". Porque no encontramos lo que queríamos ver ni nada que pueda verse: lo revolucionario es que entonces nuestro yo es transformado en locus (Nishida Kitaro), lugar de encuentro entre círculos concéntricos de conciencia y mundo. Si bien no es preciso hablar del zen; lo que sí es cierto es que estamos desnudos en los objetos, ellos son la flaqueza privilegiada ("mandíbulas y humo") para que podamos confesarnos conciencia, oquedad: amantes en tanto que amados. Vaciados para llenarse más de veras. ¿Puede entenderse de otra forma que un bosque "solicite hojas" en lugar de tenerlas? ¿Y que las solicite a través de los "pájaros" y su "atención"? Pues ocurre en Así procede el pájaro. ¿De no estar tan vacías, quién querría las botas de Van Gogh?. El poema medita con sus palabras, crece adentrándose. Así son las rosas de Juan Antonio Bernier, así la falda de estrellas que pide un poema a quién la lee o el caminante con las Elegías de Duino cayéndosele de la mano; así, finalmente, la hierba cercada por el cemento, tan igual al amor, tan decididamente igual. Fuera del zen o de cualquier espiritualidad, podría hasta decirse que la cosa simbolizada es el locus amoenus de un yo más yo que nos invita. Porque el poema se sabe solo, delante de nada, requiere tanta vida como da. Nos intercepta, nos pregunta, nos es; vemos la vida desde el punto de vista de un conocimiento que convoca al otro lado -de súbito y mirándose, recién llegado de dónde o quién- a un L / lector. Juan Andrés García Román *** POETICA El universo es simple: se compone de vida que genera poemas y de poemas. La naturaleza es el país de la lengua. La naturaleza es el lenguaje hecho árbol. ÁREA DE SOL Oblicuidad Estambre, ANISA Qué
hermosa habitación en penumbra, Mi
ropa Palabras Nuestras voces, una a una. UN RELATO PICTÓRICO CASUAL 1. Anaqueles
de ropa tendida. Como
este chaleco de obra, 2. Área
de sol, 3. Cuerda
combada. BLANK El
muro está adornado con fragmentos de loza, Hay
árboles frutales Hay
amigos que beben Hay
un espacio en blanco. Hay
un pupitre Un
socavón Una
luz inocente Pienso
en ti, tu lugar. UN JOVEN PROFESOR JOVEN “Maestro
¿el cielo es Con
sus ojos azules “¿Y una orilla?” Con
sus ojos azules. ***
Publicado el 18/12/2011 |