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Álex Chico publica Dimensión de la frontera, su nuevo poemario

  

Se ha publicado recientemente, en la editorial sevillana Isla de Siltolá, Dimensión de la frontera, el nuevo poemario del poeta y escritor Álex Chico. El autor nos presenta su libro con el texto que reproducimos a continuación. Siguen tres poemas de Dimensión de la frontera, por cortesía de Álex Chico y Ediciones de la Isla de Siltolá.

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NOTA A DIMENSIÓN DE LA FRONTERA
Por Álex Chico

Dimensión de la frontera fue, en su origen, la unión de dos libros de poemas. El primero, Más allá del Sur, fue escrito entre los años 2004 y 2006; el segundo, Tiempo después, se compuso entre 2006 y 2010. Es más, hay un tercer libro, Al final de la calle, y que ahora da nombre al epílogo. Esta aclaración no tiene mayor importancia, si no tuviéramos en cuenta un par de conclusiones que se pueden extraer. En primer lugar, confirma aquello de que un libro es muchos libros a la vez. Y su contrario: un escritor siempre escribe una misma obra. Lo que para muchos es un demérito, para mí es una virtud. Hay un momento en donde ya no sólo se escribe, sino se reescribe. Se amplían los mismos temas, se mejora la puesta en escena, se enriquecen los recursos literarios, se buscan nuevos caminos. Sin embargo, esos caminos pertenecen al mismo laberinto. No hacemos más que amplificarlo, ganándole nuevas calles o vías de acceso.

El que Dimensión de la frontera conste de varios libros también es consecuencia de algo que no depende del escritor. Me refiero a la publicación. Para el escritor que no tiene o no ha tenido a su alcance una editorial que edite en seguida sus textos, la reescritura, las variaciones, los cambios se convierten en moneda obligada y constante. A veces para bien. Pero no siempre. La publicación es una manera, como otra cualquiera, de dar por concluido un libro, una manera de abandonarlo para que sea el lector el que lo juzgue. Demasiados cambios o variaciones perjudican. Impiden, acaso, que escribamos desde otras voces, otros ámbitos. Es lo que algunos llaman, no sé si con acierto, cerrar etapas.

Así que ahora, después de varios periplos, de variadas y a veces tediosas correcciones, aparece Dimensión de la frontera. En realidad, apenas importa que se considere un libro unitario. Construir un laberinto no significa encontrar una unidad, sino ampliar un mismo universo literario. Un libro es un recorrido incierto, quizás un tránsito. Sobre esas premisas debe cimentarse. Lo explica muy bien un proverbio hebreo: Coge un libro en las manos y eres un peregrino ante las puertas de una nueva ciudad. Más allá de los años que dure ese proceso, no creo que haya mayor estímulo para un escritor que el de legar a un lector desconocido la posibilidad de adentrarse en una nueva frontera.

Álex Chico
Barcelona, diciembre de 2011

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TRES POEMAS DE DIMENSIÓN DE LA FRONTERA

LA SOMBRA EXTRANJERA

Así has concebido esta permanencia,
cuando no esperas que el cielo se proteja
más que a sí mismo.
Minado se refleja el camino
en esta oscuridad remota del paisaje.
Aunque sientas agotada
esta luz que se abre paso,
y cierres la ventana con tanto ímpetu
como nostalgia.
Aunque recuerdes, bien entrada la noche,
los designios que iba a cruzar tu vida paso a paso.
Es esta oscuridad la que te ha cercado,
sitiándote entre los dos puentes que cruzan la orilla.
Es esta incertidumbre de no esperar nada,
aguardando con poca luz la urgencia de un nuevo día.
No hay novedad que pueda resolver tu estancia,
ni actitud que consiga liberar este espacio
alterado en la ceniza.
Pocas palabras esperas
con el tiempo,
porque la soledad ahora es otra,
y son otras las voces que lideran el camino.
Vuelves a ser un extranjero de tu propia lengua.

EL AGUA EN EL DESIERTO

a Ángel Campos Pámpano

Una tarde, súbitamente,
descubres cómo un día puede restar
lo que queda de tiempo.
Observas, una tarde, la forma
circular de un lago,
y mientras se sumerge una piedra
compruebas tus pocas fuerzas
para aumentar el círculo.
Te conformas con interpretar
las últimas ondas,
el paisaje cercado,
la superficie verdosa que vuelve a su centro.
Miras el lago y no esperas que el agua
también brote en el desierto.

Huyes del poema como quien escapa de la vida
y mientras lo haces cada paso es un paso menos.
La certidumbre de encontrar lo que buscas
ya no es un reclamo para seguir hacia delante.

Sabes ya el proceso natural de las cosas:
el agua,
el hielo,
los arroyos,
las nubes,
los grifos curvados,
la manguera que dirige, como tú,
su boca al cielo,
y sientes que cada comienzo
va perdiendo tu nombre.
Ese paso de los años que se inicia
en un día. Quizás sólo en una tarde.
Una señal tan tenue como tu mirada.
Algo que te enseña, en definitiva,
a despedirte de todos los lagos
y del resto de tardes que aún no conoces.

FINAL

El ladrido del perro
ha marcado el límite del paseo.
Su advertencia me devuelve
una sensación extraña: soy capaz de sentir
temor y compasión al mismo tiempo.
La inocencia, al observarle,
me previene y a la vez se apiada.

Nos miramos y nos sabemos cercanos:
él, allí, sin dejarme entrar;
yo, más lejos, admitiendo que todo,
incluso la vida,
tiene un final.


Publicado el 18/12/2011

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