|
Irene Jové Blaya

Irene
Jové Blaya
(Barcelona, 1981) es licenciada en Filología Hispánica por la
Universitat de Barcelona. Ha desempeñado distintas profesiones en el
ámbito lingüístico. Después de publicar poemas y relatos
eventualmente en revistas universitarias y en internet, colaboró en
la antología Domicilio
de Nadie,
antologada por Andreu Navarra para la Editorial Isla Negra (Puerto
Rico, 2008).
***
POEMAS
TI
Es en el
tupido verde de este prado donde puedo reconocer tus rasgos. Que
todo lo diga por ti, lejano. Que te yergas siempre, pasajero. Sabe
permanecer aún en letargo.
Yo soy el raro
presente que te tiendo. Cuanto toco, a cuanto otorgo
movimiento hacia ti se retrae, antes de ser certero. Codicia
impúdico, y sin auxilio, tu mirar atento.
No conozco, de
tu bello canto, ningún testigo. Te creo igual que una sirena; te
eludo para no perderme, y aun así, te sigo.
Y
si un día el rostro me volvieras... Sin un espectador, ni una
voluntad alzaríame yo, apenas.
BUSCO TU
INTERSTICIO...
Busco tu
intersticio,
entre las
sombras de tu mirada firme. Esa figura que silba, al fondo, la
corrupta y verdadera.
Desprendimiento
del barro que recubre tu imagen sólida, recia. Por esa
fisura podré tocarte. Podrás tocarme.
Grieta
por donde escaparás, lleno de voz, hacia lo tangible. O el
derrumbe.
BUSTOS
No es
soñar esta respiración de nuestros bustos.
Estoy en el
purgatorio donde los buenos y malos sueños, o la vigilia han
de recogernos.
Descansamos en
vano sobre tejidos blandos. Me creo abrazada a la piedra de
tus hombros tallados. Tampoco los míos trascienden en brazos.
No
duermo, ni despierto. Apenas respiramos, nosotros, bustos en la
almohada.
RELIEVE
Caballos
esparcidos en el campo de batalla impregnan la tierra o
memoria con sus lomos tendidos.
Sus jinetes
muertos, o idos, matizan el brillo de sus insignias, de sus
riendas roídas.
Los
caballos como recuerdos otorgando relieve a la explanada.
EL
AIRE FORÁNEO
Con una
representación nimia del permiso que me otorgan las voces
enlazadas, jaspeadas de materiales reacios, me tumbo al aire
foráneo. A la pared alta.
No da la clave
exacta de la imagen gris y negra, blanca; el sonido
translúcido, ni la paz del intestino.
Vibra
la cuerda grave, ahuecando con templanza su envoltorio de
cristal. Su destino no es el mismo que el nuestro, cantado.
SIGILO
DEL DILEMA
Meces con tu
mano este sigilo del dilema. Con la paz de un canto
firme Destrozas y reconstruyes.
Coses esta
tela de carencia y de hastío. Tras el fulgor de mi sueño
triste Emerges y la separas.
Entrañas
medio dolor y media cosecha. Me contrarías en ecos molidos. De
armonía contrahecha y reluciente. De estado creciente y
desvalido.
Me
guías con tus hilos hasta la cima De una luz seca, de una tierra
sola. Hasta una árida orilla, llena de mitades. Hasta dos
jalones alambrados, iguales.
REVERSIÓN
Si queda sin
la luz magullado o arrugado, sin el brillo. Y se contrae entre
el rumor en mitad de un salón o de una acera. Y se revierte
al ver sonrisas o gestos musculados...
Le
rige entonces un verde voraz, deserta de los suyos, lleva
renuncia y vanidad hacia los bosques y las piedras.
VIDA ALEGRE
Sin
macerar amanecería, y macilento incorporarse y caminar.
Pese a todo su
Majestad me alicata al día, hasta que alcanzo súbita el
lago alzado de magma impaciente escarchándose veloz sin
conceder, malévolo, un cómplice furtivo.
Así que
vuelvo, con mi reguero, mi meandro atrás, y un rayo
mantecoso irrumpe con corpulento cultivo.
Vida alegre en
madrugada turbia. Un mastodonte se lleva una imagen tres
manzanas silentes más allá y pone a macerar su imagen de
amenaza.
Y
sin embargo amaneció, su Majestad.
UN
FULGOR
Él con los
dientes aprieta un haz pequeño de luz y apenas logra
guardarlo.
Si calla su
bocado fulgura, y alumbra sus labios.
Si habla,
ciega y lucha, contra los rayos presos. Escapando hacia el
aire.
El blanco y
frío brillo del lobo lleva su rostro continente feroz y
compañero.
Él
no espira el destello, lo muerde.
GRAVITACIÓN
De la madera
horizontal que nos sostiene emana un equilibrio anómalo. Me
atengo a tu pie y a las pupilas, pilares y astros cuyos pesos no
medimos.
Podría
perderte en mitad de un paso si esta forma, que crece, pudiera
contener algo, como el líquido da peso al barril.
Ya
no recuerdo una palabra ligera, o una intención enterrada.
DEBAJO
DEL BLANCO
No está bien,
dices. Llamar a tu lengua, ponerle una piel con la
palabra. Rozar con los labios, localizar un calor, y un
contacto con la evocación de una frase en tu pecho.
¿Crees que
podrías tocarme?
Yo
me quedo, sin embargo bajo este rincón escrito, hipotálamo del
deseo, actuando sobre sí mismo. De lo contrario, destruiríamos
el lecho.
I DO NEED
REDEMPTION... (FRAIL)
I
En este llano
sumergido, fértil en reposo y materia, contemplo la redención
como un gato.
Deshago los
nudos apenas consciente, sin fuerza, rodando sobre ellos; como
quien se mueve al dormir.
Duermo. Sobre
esta tierra y bajo estos árboles, y entre la niebla de la
mañana. Me dejo besar por el frío frágil, múltiple.
Pronto se
vendrá abajo este haz de luz; y nos veremos las caras, entre
las paredes.
Quizá
allí me impulsaré hacia ella, como un gato.
II
Sea el
invierno un espejo, entonces mude mi piel, me cubra una capa
permanente. Un haz de ser, como el gato posee.
Invite acaso a
los pobladores, quede así a la espera, de su ida, su regreso,
su alboroto. Y siga caminando la tierra en busca del mar.
O
crezcan mis uñas como las suyas y escalemos ese árbol, tras
la ventana. De donde tampoco se ve el mar.
III
O,
en fin, la fragilidad rija su poder único, su exclusivo
camino, hacia el que se aleje de la redención.
Y
suelte, como consuelo, unas olas de llanto para aquellos, que
abandonemos este rastro, y nos acostemos en una orilla.
No
considero si existe: mis sentidos ya la enaltecen.
ΕΙΡΗΝΗ
Sé
que hay algo lento detrás de mí, algo casi quieto. Se adivina
en cada grito.
Sé
que hay un remanso accesible en las horas tristes, las
lluvias, palpable en los bosques y en las olas.
Sé
que huye de mis frases, de nuestras frases. Que se
escabulle como una sombra ante los pasos.
Sé
que estáis tumbados y en paz. Que yacéis por debajo de todo.
Vuestra
calma alegría se aposenta en algunas notas, y gestos. En
alguna fracción de mis días.
Sé
de una paz que no se comparte; está allí, detrás de los lobos.
Publicado
el 13/11/2009
|