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Andreu
Navarra

Andreu
Navarra Ordoño Nacido
en Barcelona (1981), ha
publicado los poemarios Suicidio
Súbito (Barcelona,
Erizo/Eriçó, 2006) y Fiebre
y ciudad (Madrid,
Diógenes, 2008), éste último editado en formato de libro objeto; y
el ensayo Dos
Modernidades: Juan Benet y Ana María Moix (Badajoz,
Abecedario, 2006).
In,
su primera novela, está prevista para enero de 2010.
Ha
coordinado y prologado la antología Domicilio
de Nadie. Muestra de una nueva poesía barcelonesa
(San Juan de Puerto Rico, Isla Negra, 2008).
Actualmente
ultima su Tesis Doctoral: “José María Salaverría: escritor y
periodista (1904 – 1940)”, dirigida por Adolfo Sotelo Vázquez.
Ha participado en varias revistas filológicas y libros colectivos
con artículos relacionados con su campo de investigación: la
relación entre escritura y poder político en la España de
principios de siglo XX..
***
POEMAS
es
nuestro tiempo
nuestro fervor
surjamos
nos
invitaron a renacer
o eliminarnos
cada jornada
día
tras
día
sin
recordar
son nuestras vidas
nuestros abrazos
nuestras
charcuterías
nuestras
manzanas
amores
ebrios
la
humanidad contra el silencio
surge
la
humanidad contra el silencio
sólo
la
humanidad contra este verso
toda
amena
anémona desgarrará mi upulpa
y humana mónada no me articulará
este fin
si no me humíllame ni mi amanuense mórbido
no me
enamores más con tus vanos mentírame
ecos rotura sufre la
noche
hueso gritan las ánimas porque el horriso es peso
sufren
las olas miles de mares ya que la noche incúlcalos
tan erizadas
que de repéntidas se han obstinado a morir muertas
contra
arrecifes imperturbables como tu amable
si matinal
sonrísida
invernal que deseábamos todos nosotros
De
Suicidio Súbito (Erizo,
2006)
VIDA
SECRETA
ella
no me conoce
no nos conocemos
nadie
me conoce
en realidad
la
cafetera
al explotar
se le incrustó en la nuca
ya
no nos tocábamos
FIEBRE Y
CIUDAD
la
cabeza aplastada
cansado de morir te sientas en un banco de la
plaza
no te has acordado de cenar
la calle asesinada
te
desplomas sobre puntas de la sombra de la niebla de tu
juventud
reanuda el disco
lloras sobre los años sobre los que
orinas
mueres lentamente incómodo en tu hipófisis
molestas a
los seres tímidos y apresurados
meas lágrimas que ni siquiera tú
comprendes
abandonas toda lucha / toda resistencia
y entras por
las yemas de tus dedos a tus propios fríos
escupido desde el
cáncer de tu amor
licuas sobre una ciudad antigua y frígida
la
luz apestosa de tus vísceras
la cabeza económica sobre el
mostrador pasado
y el amor entre las cejas estallándote
sales
de tus ojos y los clavas en los hombros
y las tetas de la
chica
detonando dos cerebros
dos españas
dos
sabidurías
calle asesinada
condenado a ser no
libre
ya
no
torpe
ya
no
fuerte
ya
no búdico
caminas sin objeto
bebes esas cejas
sin las gafas
del olvido no te enfocas
te odias
te revientas
suicidio con
friegasuelos
te resistes pero tu vida se fue a pescar
vacaciones
de
cabeza
cuerpo
mente
comes
empanadas de ti mismo
penes muertos en tu mano
cancioncillas de
consuelo
martilleos
fáciles
remotos
aleteos de vivir
muy lejos
la campana de la privación muy adentro
CORO
mira
esta ciudad
sigue con el dedo las ojeras de tus compañeros
bésalos
abriendo con la lengua
las brechas y heridas de sus labios
mira
el interior verdoso del vagón
las imágenes de la desidia
el
odio combinado con la represión
monjes de pereza
el odio
intoxicado de doblez
se te erizan las entrañas rojo pálido
sufres
esta pus no eyaculada
charco de aguas pútridas tu recto
croan
cuatro ranas del deseo
croac croac croac en tu hipófisis
miras
este culo enorme y blanco sobre ti
no querrá ni una maldita vez
el firmamento odiado
y te sonríes
NADA
sólo
sé
que sólo tú
serás
lo que reste de mí
cuando ya ni
siquiera yo
o mi sombra
seamos
De Fiebre y
ciudad (Diógenes, 2009)
rostro
enfermizo como el chupachups odiado
cada vez en la estancia
llena
de manchas
entre las que se desenvuelve
tu escasa actividad
o
poca vida
sin que consigas erigir
este pequeño esfuerzo: ser
más
allá de todas tus perplejidades
solo aquel inapreciable
pedo
de ti mismo
en
el punto de cruce de las cejas que recorren
la fractura ignífuga
de la nula estatura
de tu ser en la nada
que huye o crece o
pace o muere
cómo no
en otra nada
en
el campo irradiado de la eterna nada
tú molestas con tu
nada
reivindicas el insulto de tu inexistencia
palpas los
orificios de tu poco ser
o tu alma
tapas los
escándalos
desnudas tu desaparición
aporreas el agujero que
te ha succionado
y contigo el aire junto a cuantas vísceras
eres
de tu ya disuelto cuerpo
un mero o nulo apéndice de
ti
como la tinta de un calamar
en un océano de pus negada
De
Palabras a la nada (inédito)
Aquel
niño experimentaba más dolor que tú, indudablemente más dolor que
tú, exploraba os arrecifes de la soledad muchas más horas al día
que tú, residía en los lugares en los que la luz no te incomodaba
nunca, proyectaba su sombra líquida mucho más lejos de lo que
pudiste soñar ayer y podrás soñar hoy. Los rincones de penumbra de
ese patio, ángulos de infancia, rejas de esperanzas en la gloria de
lo no divino, el sabor espantoso de las lágrimas de ese ser acuciado
por sí mismo, la rata de uno mismo que ha acorralado el niño, el
niño aplastado y loco que huye de su propia indiferencia y de su
propio amor, o sufre.
Niño
fruta.
Niño
bicho.
Niño
amor o nicho niña.
Con
la frente dividida en dos, en algún lugar sin nombre que eres tú,
en mitad de alguna fractura que eres tú o las dos mitades de ti
mismo devorando lava, calentándola, este mecanismo y toda precisión:
realimentas tu desidia cómoda con estos brazos, autodevorándote, y
resuelves tus conflictos definitivamente y cómoda instalado otra vez
en la nada más frecuente de tu ser envidiado hoy por ti y por
alguien más.
De
La ciudad del dolor (fragmento de un libro
inédito)
Publicado
el 13/11/2009
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